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domingo, 14 de mayo de 2017

Apostillas al díptico de la guerra de los autobuses: el “derecho” al insulto, las etiquetas y la utilidad de protegerse en un armario. (Hoy más biográfico que nunca.) – Libertad de expresión, 4ª parte.

No voy a dejar que la actualidad se imponga a mis intenciones, ni aunque sea para darme la razón. Porque es cierto que podría comentar la desafortunada proposición de ley de Podemos (según ellos como intermediarios) contra la discriminación LGTBIQ+++ (y todo lo que quieran poner). El asunto toca de pleno lo que estoy tratando en mi serie sobre la libertad de expresión, ya que nació a partir del autobús de HazteOír. Me sobrarían los motivos para atacar a mis bestias negras podemitas. Pero no. En este caso sería injusto. Hoy (y sólo hoy) estos hijoputas[1] son mis hijoputas. Porque sería una hipocresía no haber empezado la guerra con las leyes, casi miméticas, que ya aprobó antes el PP en Extremadura en 2015 o en Madrid en 2016. Así que será otro día cuando hable de todo esto. Sólo te dejo un apunte: te animo a que leas o releas el libro V de La República de Platón, cuando pone en boca de Sócrates la diferencia entre opinión y conocimiento. Porque yo creo que por ahí palpitan muchos de los problemas que tenemos actualmente. Pero hoy sigo con lo mío.
***
Ahora lo contracultural es no ser de izquierdas.

"Para que triunfe el mal, basta con que los hombres de bien no hagan nada." Edmund Burke.
 Aunque se preste al chiste fácil, confieso que yo durante muchos años he sido un idiota en una de sus antiguos significados etimológicos[2]. Yo podía tener algunas inevitables opiniones, supongo que más emocionales que razonadas, pero no las exponía en público. Pero lo que siempre me llamaba la atención era la seguridad con la que las personas de izquierdas proclamaban en cualquier parte las suyas, dando por sentado que los demás presentes las compartiríamos. Y la verdad es que en mi caso casi nunca ha sido así.
He sido niño de la Transición, abrí mi mente a la política durante el “reinado” de Felipe González, y después, durante muchos años, me dediqué al arte. Así que he estado casi toda mi vida bajo un establishment que se autodenominaba progresista. Tanto ha sido así que para mí lo contracultural siempre ha sido no ser de izquierdas. De niño no tuve tan poco dinero como para envidiar al que lo tenía, y de adulto nunca he tenido tanto como para tener mala conciencia por ello. Y siempre he pensado que, aunque bienintencionadas, la mayor parte de las propuestas de la izquierda, por su poca solidez, acaban causando más problemas que ofreciendo soluciones. Así que nunca me ha dado por hacerme o sentirme socialista ni ninguna de esas cosas.
El bendito azar, más importante en nuestras vidas de lo que creemos, hizo que la primera vez que oí a alguien explicar por qué él era de izquierdas sería en una de esas tertulias políticas de la época, tal vez en La clave o alguna así. El tipo explicaba que si se iba a comprar unos zapatos esperaba que algo que él llamaba el Estado le iba a proteger de que estuviesen bien fabricados, siguiendo unas normativas preestablecidas. Mi yo niño, como descendiente de comerciantes que se remontan a los Reyes Católicos, se sorprendió de aquello porque le resultó una memez. Si aquel señor con bigote quería unos zapatos de calidad, pensaba yo, tendría que buscar un buen fabricante de calzados. ¿Por qué tendría que intervenir eso que él llamaba Estado en esa transacción privada? Pese a esto, no estoy describiendo la infancia de un monstruito liberal strictu sensu. Mi educación cristiana, bajo diferentes carismas, me lo hubiera impedido. Aunque no niego que hay un par de acepciones de la palabra liberal que me gustan mucho.



El insulto como etiqueta (y viceversa).

“Allison: Estoy a la mitad de mi tesis universitaria.
Alvy: ¿Sobre qué?
Allison: El compromiso político en la literatura del siglo XX.
Alvy: Ah, ¿a ti te gustan los judíos universitarios, neoyorkinos, intelectuales, liberales, izquierdistas y las colonias socialistas de verano, y los posters de los años 20, y los grafitis de denuncia, y los mítines y las manifestaciones…? Párame antes de que diga más imbecilidades.
Allison: No, eso es esplendido. Me encanta que me reduzcan a un estereotipo cultural.
Alvy: Yo soy un reaccionario, ¿sabes? Pero de la izquierda.” De los diálogos de Annie Hall. Escrita por Woddy Allen y Marshall Brickman.

Etiquétame y presume de ello.
Me gustaría poder darte una etiqueta para que pudieras presumir de mí. “¡Eh, mira lo “open mind” que soy que tengo un amigo X[3]!” Pero eso no sería cierto. Me gustaría poder reducir mi pensamiento a un “estereotipo cultural”, pero no me resulta fácil. Hace años pensaba que era un pacífico anarquista de derechas, más que nada por la broma, porque nunca he sido tan activista como un anarquista (no me veo tirando bombas ni clavando piolets a la gente). Así que lo cambié por un moderado ácrata demócrata cristiano, pero con esto había que dar muchas explicaciones. Me queda la posibilidad de ser un libertario pequeño burgués… Pero no sé, creo que me lo voy a seguir pensando. Lo que sí me parece muy pobre es eso de “facha”. Hay que ver lo gastada que está esa palabra. Ya ha perdido por completo su sentido original. Las pocas personas que se etiqueten fascistas que puedan quedar estarían ya hasta mal vistos por los originales. Quizás por eso me hizo ilusión cuando alguien en Twitter hace poco trató de insultarme diciendo que mis propuestas son “cuentos liberales”. Pero como ya he dicho no creo que yo sea muy liberal, salvo por su cuarta acepción y algo de la quinta, pero agradezco al menos su originalidad.  En cualquier caso, si me lees y te parece mal lo que aquí digo, etiquétame y presume de ello.

Esta pequeña digresión autobiográfica, dentro del gran circunloquio de esta serie, viene a cuento de mi actitud en la vida pública con respecto a la política. ¿Por qué he permanecido a ella durante años? Pues porque muy pronto vi que discutir a estas personas sus ideas no nos llevaba a nada, especialmente entre personas que no nos dedicábamos a ello. Y vi que las personas de izquierdas tenían una serie de ideas y prejuicios muy arraigados que era imposible de contradecirles, por más que los hechos les contradijeran se mantenían en sus principios con una fe ciega. Por ello llegué a la conclusión que se trataba de una cuestión de fe, que era una religión sin Dios, pero no por ello menos mística. Así que tomé la decisión de entrar en un respetuoso silencio. Es decir, entré en un armario ideológico. En este sentido acabé entendiendo muy bien a mis amigos homosexuales que preferían vivir sus deseos con discreción. ¿Para qué meterse en discusiones que no llevan a ninguna parte?

Ya en este siglo, con la llegada de Facebook, decidí dejar de leer las homilías de mis numerosos amigos de izquierdas por la red. Si yo no les aleccionaba de ninguna manera, yo no tenía que leer aquellas opiniones que ni compartía ni me interesaban. Pero estando en eso, durante la infausta presidencia de ZP, surgió el 15M, las desgracias nunca vienen solas. A partir de ahí todo cambió. Si aquello se hubiese disuelto como un azucarillo no hubiera pasado nada, pero no fue así. La izquierda se fracturó y surgió Podemos. Este blog nació por ellos. Sin ellos no me hubiera metido a escribir de asuntos que nunca han formado parte de mi negociado. Cuando en 2015 tras las elecciones autonómicas y municipales empezaron a tener una presencia considerable, empecé a preocuparme. Y muchas de sus acciones posteriores me dieron la razón, a mi pesar. El clima político no me agradaba en exceso. Valoré seriamente irme de España. Vínculos afectivos me sugirieron que esperara a las elecciones generales. Afortunadamente pincharon y dividieron a la izquierda. No hay mal que por bien no venga, pensé entonces. Tras la involuntaria segunda vuelta, y viendo que el “problema Podemos” parecía enquistarse, pensé que era momento de tomar partido. Pensé en el famoso fragmento del sermón de Martin Niemöller, tantas veces atribuido erróneamente a Bertold Brecht.
«Cuando los nazis vinieron a buscar a los comunistas, guardé silencio, porque yo no era comunista. Cuando encarcelaron a los socialdemócratas, guardé silencio, porque yo no era socialdemócrata. Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas, no protesté, porque yo no era sindicalista. Cuando vinieron a buscar a los judíos, no pronuncié palabra, porque yo no era judío. Cuando finalmente vinieron a buscarme a mí, no había nadie más que pudiera protestar.» 

La izquierda maquis y los insultos.


“A menudo digo que hay tres preguntas que podrían destruir la mayor parte de los argumentos de la izquierda. La primera es: ¿comparado con qué? La segunda: ¿a qué coste? Y la tercera: ¿qué evidencia tienes? Hay muy pocas ideas de la izquierda que puedan responder a todo.”[1] Thomas Sowell.

El lunes siguiente de publicar el díptico de los autobuses, una amiga de izquierdas (disculpen el pleonasmo[2]) me reconvino por algunas cuestiones que trato en estos artículos. Ella sí cree en el derecho de Podemos a hacer ese autobús. Mi amiga pensaba que lo que dice y muestra ese autobús es parte de la libertad de expresión. Y que con ello insinuaban, pero que no decían nada directamente. En esta cuestión mi afecto hacia ella es directamente proporcional a lo en desacuerdo que estoy con ella.
***
En junio de 2016, el periodista Alfonso Rojo López fue condenado con una multa de 20.000€ por haber insultado al por entonces candidato a eurodiputado Pablo Manuel Iglesias Turrión en un par de debates televisivos y desde su cuenta de Twitter. La Audiencia Provincial de Madrid entendió que Rojo había cometido una intromisión ilegítima en el honor de Iglesias al utilizar expresiones vejatorias sin pruebas, de modo que sobrepasó el derecho a la libertad de expresión en el que se amparaba: "no existe el derecho al insulto", exponía la resolución.




La sentencia era clara y considero que justa. No puede prevalecer la libertad de expresión cuando se trata de expresiones claramente ofensivas, insultos y vejaciones. Otras sentencias similares han aparecido con conclusiones coincidentes. Entonces ¿qué pasa ahora? ¿Existe acaso una diferente vara de medir? ¿Lo de “chorizo, mangante y gilipollas” es peor que acusar a unas personas no están encausadas de mafia que dirige una trama corrupta para mantenerse en el poder? Pues casi me parecen más inofensivos e ingenuos los primeros adjetivos. Otra cuestión es que la denuncia sea una potestad de parte en la que yo no voy a intervenir. No conozco a los afectados, y de hecho algunas de esas personas no me caen especialmente bien, pero si cada uno de ellos quisieran denunciar esto no le podemos negar el derecho que como a todo ciudadano les asiste. Porque hasta a los ya condenados se les está atribuyendo un nuevo delito, y se les está sometiendo a un escarnio público que el algo que como pena no está contemplado en nuestro ordenamiento jurídico. Aunque en Irán, país con el que Podemos o alguno de sus miembros parece que sí han tenido algún trato comercial, sí existen los latigazos en público e incluso la lapidación. Quizás sea esto un camino de inicio. Esperemos que no.
Por otro lado es curiosa, por llamarla de alguna manera, la figura jurídica que Iglesias inventa para justificar la aparición de personas sin proceso legal abierto con otras investigadas o condenadas, y es la de “corrupción legal”. ¿Y eso qué es? Vamos a ver si podemos entenderlo con el caso de Monedero, más complejo que el suyo con aquella factura de las Granadinas que encontró Okdiario.
Juan Carlos Monedero parece ser que facturó unos trabajos por consultoría política que no declaró en su momento. ¿Por qué ese olvido? ¿Por qué ese retraso[3]? Además dicen que utilizó una sociedad pantalla para eludir la tributación. Y sacó esos fondos de una manera que no es como está establecida. Descapitalizó la sociedad sin tributar por ello. No sé yo casi nada de fiscalidad, pero ¿no habrán sido todos estos movimientos de Monedero algo parecido a un “fraude legal”? Sólo pregunto. En esta web, que creo que saben mucho más que yo, van un poco más lejos. Y si es así parece que en Podemos dan lecciones sin aplicárselas.

¿Por qué se retrasó tanto en presentar su declaración y después en mostrar la factura? ¿Y por qué no coincidían las cantidades?


Para mí es difícil encontrar la parte realmente racional del pensamiento podemita. Pueden decir que se trata de un problema mío, pero en general sus propuestas me parecen más apuestas emocionales que racionales. Y lo peor es que allí donde se han puesto en práctica nunca han funcionado. ¿Creen de verdad que esta vez va a ser la buena? Sólo le puedo dar explicación si lo veo como un hecho estrictamente religioso. El marxismo como religión humana. Aunque no voy a reducir a este dominante pensamiento sentimental a una única raíz exclusivamente marxista. Ni siquiera que sea algo heredado de la izquierda que nace con la Revolución Francesa. Creo que viene de mucho más atrás y que está mucho más extendido. Pero no por común es menos peligroso. Y les lleva a mostrar su irracionalidad de forma habitual en sus exabruptos espontáneos. Viven enfadados con el mundo que no se ha postrado ante su revelación. Y en sus invectivas es raro que no traten de rebatir al infiel añadiendo algún adjetivo despectivo innecesario en sus conocidas soluciones simples ante problemas complejos. Twitter es un medio perfecto para ellos. Ciento cuarenta caracteres son suficientes para desarrollar sus argumentos. ¡Y aún les sobra espacio!


Al comenzar esta serie advertía dos principios que sería prudente que acompañasen a la libertad de expresión en nuestras democracias liberales, a los que ahora añado un tercero:
1.      En democracia no deberíamos concebir la vida cívica como un campo de batalla.
2.      La libertad de expresión es un derecho. Anular las divergencias NO lo es.
3.      En democracia NO existe el derecho al insulto.
***
Es simpático ver como cuando aparecen encuestas electorales en las que se sigue confirmando la mayoría proporcional de “los viejos partidos” la izquierda maquis se escandaliza. “¿Pero ¿cómo es posible que exista aún tanta gente que sigue queriendo votar a esos y no se deciden por su redentora apuesta?” Y entonces siempre me acuerdo de un viejo chiste:
Un tipo notablemente ebrio se acerca a una señora muy poco agraciada: “Pero hay que ver qué fea eres”, le dice con su voz espesa, torpe y aguardentosa. La señora, sorprendida por la impertinencia, le increpa muy indignada: “¡Y tú eres un borracho asqueroso!” Y el dipsómano le replica: “Sí, eso es verdad, pero a mí esto se me quita mañana”.
Los viejos partidos, el PP al frente con toda su corrupción, son el borracho asqueroso, sin duda. Pero aquí la cuestión es que a Podemos su fealdad ideológica no se le quitará después de ninguna resaca. Y eso para ellos, y para nosotros, es un problema que no puede arreglar ni el mejor cirujano.



[1] “I’ve often said there are three questions that would destroy most of the arguments on the left. The first is: ‘Compared to what?’ The second is: ‘At what cost?’ And the third is: ‘What hard evidence do you have?’ Now there are very few ideas on the left that can pass all of those…” https://youtu.be/5KHdhrNhh88?t=3m46s
[2] Creo que todas mis amigas lo son. Casualmente con las tres de ellas que no lo eran ya no me hablo.
[3] Retraso que también sufriría la presentación de la factura que finalmente ni siquiera correspondería exactamente a la cantidad declarada. http://www.abc.es/espana/20150220/abci-monedero-explicaciones-201502201128.html

domingo, 7 de mayo de 2017

Más sobre la guerra de los autobuses, el marxismo cultural y la (de)generación Twitter: (Apuntes sobre los límites de la libertad de expresión en el ámbito de la esfera pública de las democracias liberales” o “Repíteme eso y te parto la cara, hijoputa”, 3ª parte.)





Creencia
De creer.
1. f. Firme asentimiento y conformidad con algo.
2. f. Completo crédito que se presta a un hecho o noticia como seguros o ciertos.
3. f. Religión, doctrina.
4. f. desus. Mensaje o embajada.
5. f. desus. salva (‖ prueba que se hacía de la comida y bebida).


Declarar como culpables a personas que no están acusadas formalmente, ni investigadas, ni juzgadas, ni condenadas, es un acto de profesión de fe. Y, por lo que se ve, la pena dictada por este supuesto tribunal es someter a escarnio público a sus adversarios en un autobús como nuevo sambenito. ¿Es acaso Podemos un nuevo Santo Tribunal de la Inquisición? ¿No habíamos acordado que en un estado aconfesional las creencias se quedan en casa?




¿Quiénes son esos chicos de Podemos y por qué están diciendo cosas horribles acerca de mí?
Llama la atención algunas presencias y ausencias en el Tramabús. Por eso me pregunto, ¿existirá un auténtico criterio racional en la elección de estas personas? ¿Por qué, si son un partido tan republicano y supuestamente antimonárquico, no aparece Iñaki Urdangarín? ¿Acaso descubrieron que su admirada Suecia es una… monarquía?
Entre los por ahora inocentes hay cuatro políticos. Tres son del PP. Esto se entiende perfectamente. Haya o no haya una trama organizada de corrupción, ellos son el principal enemigo a batir. Los dos únicos presidentes del Gobierno que han tenido y una de las mujeres más destacadas de este partido. Dos conservadores y una muy declarada liberal. Pero lo que realmente podría chocar es la presencia de Felipe González. Y pensando sobre ello encuentro cuatro motivos:
1.    Fue el que le quitó al PSOE la losa del marxismo para tratar de acercarlo a una socialdemocracia homologable al resto de las europeas. Por esto sea anatema.
2.    Por la gran corrupción del PSOE en su última etapa que produjo un gran desencanto en la izquierda, y trajo lo que para ellos fue la oscura etapa de Aznar. Por esto sea anatema.
3.    Está la cuestión de las “puertas giratorias”, asunto muy complejo que quizás desarrolle en otro momento. En cualquier caso, igualmente, sea por esto anatema.
4.    Y lo que mencionan directamente en su página web: “El Estado de derecho también se defiende desde las alcantarillas.” Es curioso que esto sea motivo de escándalo para un partido en el que algunos de sus fundadores fueron asesores de un gobierno que ha convertido el Estado de derecho de su país en una completa alcantarilla. Tal vez vean más razonable defender el Estado de derecho desde un autobús (siempre que no sean otros lo que lo hagan). Pero realmente la cuestión es la maniquea relación que arrastramos desde el franquismo entre gran parte de la izquierda política y la lucha armada. Disculpa si te resulta egotista que me cite, pero en este caso me remito a lo que ya dije en La izquierda maquis y el nacionalismo excluyente: una apasionada relación sentimental[1]. Porque con el terrorismo, con todos los errores que pudo cometer, y que sin duda cometió, Felipe González actuó como un hombre de Estado. Y esto, desde la izquierda partisana, no puede entenderse.
También es curioso que incluyan a dos periodistas que han sido tremendamente rivales. ¿Insinuarán acaso que sus polémicas son falsas para ocultar sus corruptas afinidades?




La mujer del César…

"No basta que la mujer del César sea honesta; también tiene que parecerlo." Julio César según Plutarco en Vidas paralelas.

Pero desplacemos la mirada del exterior del autobús hacia sus ocupantes.
Desde un primer momento la formación política Podemos ha estado bajo sospecha por su financiación. Pero ¿qué sabemos objetivamente?
En el año 2013 Mahmoud Alizadeh, empresario iraní fundador de Hispan TV, sacaría a un treintañero profesor interino de la Complutense con ínfulas de comunicador, Pablo Iglesias, de una pequeña emisora local alternativa de escasos medios, Tele K, en la que presentaba un pequeño programa de escasa difusión, La Tuerka, y le ofreció poder emitir con más medios. Desde entonces han existido rumores sobre una supuesta financiación de la República Islámica de Irán a Podemos. Pero por ahora parece ser que todo sigue ahí.

Por otro lado, tenemos que el 11 de marzo de 2014 el Ministerio del Poder Popular de Economía, Finanzas y banca Pública de la República Bolivariana de Venezuela, a través del banco Euro Pacific Bank de San Vicente y las Granadinas, pagó 272.325 dólares a Pablo Iglesias en concepto de “Asesorías en el Desarrollo Social en el país”. Ante la publicación de esta transacción por Okdiario.com Pablo Iglesias les interpuso una demanda por una supuesta “intromisión ilegítima en el honor y la dignidad”. La demanda fue desestimada y Pablo Iglesias obligado a pagar las costas. Curiosamente el director de este diario, Eduardo Inda, es uno de los que aparece en el autobús sin estar actualmente condenado ni investigado por corrupción.
En el mismo autobús viaja dando lecciones de moral el reaparecido profesor Juan Carlos Monedero. ¿Esperará que hayamos olvidado su descuido al no declarar en 2013 los 425.150 euros que había cobrado a través de una sociedad instrumental creada posteriormente, por unos supuestos trabajos realizados tres años antes para una hipotética moneda única en eso que llaman “Latinoamérica”[2]? ¿Habrá olvidado las numerosas irregularidades en las que incurrió al hacerlo sin la autorización de la Universidad de la que es titular y no compartir el porcentaje que por ley le corresponde?[3] ¿Y por qué tardó tanto en mostrar la factura que supuestamente justificaba este pago y que mostraba además un desfase de 150€?[4]
No voy a extenderme con la rentabilidad que le sacó Ramón Espinar a su piso de protección oficial que compró gracias a un préstamo familiar. Préstamo que no tendría importancia si no resultara que es familiar directo de uno de los miembros de la casta de las tarjetas Black, que casualmente no aparece en el autobús. Tal vez esto sea algo que de alguna manera imprima carácter.
Ni me voy a detener en exceso en el pobre Íñigo Errejón, que ha caído en desgracia en el partido, por el que ahora aparece poco, como poco aparecía por la Universidad de Málaga que le pagaba una beca que parece ser que apenas se ganaba, mientras se ganaba un extra incompatible por ley asesorando a Podemos.
Ni en lo de Echenique y su cuidador, al que pagaba en negro…
Bueno, voy a parar, que voy a llenar un autobús. Que si sigo así va a parecer que estoy hablando de los miembros de una trama mafiosa corrupta que trata alcanzar el poder sin pagar impuestos y cobrando dineros públicos, hasta de países sospechosos, sin mucha justificación. Y no es eso, no, de ninguna manera. Los de Podemos vienen a salvarnos de todo eso. Ellos son… otra cosa.



El autobús de HazteOír, el Tramabús y la libertad de expresión.

"Los medios de comunicación, por lo menos una parte, tienen que tener mecanismos de control público." Conversación con Pablo Iglesias, libro-entrevista de Jacobo Rivero.

Me cuesta no ver discriminación por parte del Ayuntamiento de Madrid en el trato a ambos autobuses. Los motivos aducidos también tienen muy poca explicación. Para la inmovilización del bus de HazteOír se alegó inicialmente la ordenanza de publicidad. En su artículo 2, referido a “medios de expresión publicitaria no autorizada”, se indica que “se prohíbe la publicidad en cualquier tipo de vehículo o remolque, en circulación o estacionado, excepto la que se realice en los vehículos destinados al transporte público”. En ninguno de los dos había publicidad comercial, no se vendía nada. Los de HazteOír regalaban un libro, no lo vendían. Ver en aquello contenido “elegetebefóbico” (bendito palabro) o que “incitaba al odio” no ha quedado muy claro. De hecho, no lo vieron así ninguno de los juristas consultados por la agencia Europa Press[5]. Sin embargo el autobús fue multado hasta tres veces por el Ayuntamiento pese a los cambios que efectuaron atemperando su mensaje. Por otro lado, aceptaron el de Podemos (casualmente partido hermano del que gobierna en el Ayuntamiento) porque el Consistorio consideró que en este caso no se infringía la normativa municipal, porque no vendía productos ni tenía un fin lucrativo. Curiosamente en el acto de presentación del Tramabús, Podemos promocionó el libro de Rubén Juste, Ibex 35: Una historia herética del poder en España. Libro que sí se vendía.

¿Libertad, para qué?[6]

“—No hay libro tan malo —dijo el bachiller—, que no tenga algo bueno.”[7] Segunda parte de Don Quijote de la Mancha, capítulo III. Miguel de Cervantes.

No voy a decir que el diferente trato dado al autobús de HazteOír y al de Podemos sea prevaricación, de ninguna manera, pero tiene algo que no sé qué es que se le asemeja bastante. Lo que sí podría parecer con la estrategia del Tramabús es que Pablo Iglesias la presunción de inocencia le importa un comino, le importa un pimiento, le importa un huevo, le importa un rábano o le importa un pepino. O con otras fórmulas más directas según su magisterio: se la trae floja, se la suda, se la trae al fresco, se la pela, se la refanfinfla e, incluso, adaptándolo perfectamente a su estilo: se la bufa. Pero no, no voy a decir eso, no, creo que es algo mucho más propio de su condición de macho alfa de su manada. Con esto del autobús de la supuesta trama a mí me da la sensación de que Pablo Iglesias y sus secuaces, con tal de tratar de beneficiarse con ello para sus intereses de casta, se pasan la presunción de inocencia por el forro de los cojones. Y eso en democracia no es muy prudente.






 [6] Conclusión en la respuesta de Vladímir Ilich Uliánov, Lenin, al socialista español Fernando de los Ríos al preguntarle cuándo daría libertad a los ciudadanos rusos.
[7] Segunda parte de Don Quijote de la Mancha, capítulo III. Miguel de Cervantes. Se trata de una máxima que Plinio el Joven atribuye a su tío Plinio el Viejo; llegó a ser un lugar común en el Renacimiento.

sábado, 21 de enero de 2017

Rajoy, Iglesias, Rivera y (tal vez) Sánchez: Tahúres en la timba.


Dedicado a Gonzalo García Pelayo.



El ajedrez es un juego eminentemente racional. Se parte de un estricto marco de referencia. Ocho por ocho, sesenta y cuatro escaques. Hay unas reglas, unas piezas, unos movimientos, unas casi infinitas combinaciones de situaciones posibles. Y, a partir de la apertura, cada acto tiene sus consecuencias. Los errores pueden afectar emocionalmente a los jugadores, pero ha sido a partir de una decisión racional errónea. Por todo esto el ajedrez se ha identificado como una metáfora de la vida y, en especial, de la política. Sin embargo la vida y la política tienen mucho más de sentimental que de racional. Y por esto quizás no sea el ajedrez sino el póquer el que esté más cerca de reflejar tanto una como la otra.
Los que no lo conocen piensan en el póquer como un juego de azar. Y el azar, como en la vida, existe, pero no es tan determinante como la mayor parte de la gente cree. Al principio a todos se nos dan unas cartas que nadie más ve, sólo hay que saber jugarlas. Lo que de verdad importa en el póquer (y en la vida) son las emociones. Poder controlar las propias y saber manipular las ajenas.
Hay un viejo aforismo en el póquer que dice que tardas cinco minutos en aprender sus reglas y toda una vida en dominarlas. Es cierto. Si dispones de ese tiempo, y quieres hacerlo, puedes ver una aproximación en el vídeo que enlazo a continuación[1]. Pero esto no es el objeto de este artículo. Aquí lo que propongo es otro juego.


Existe una serie de tendencias prototípicas que se repite entre los jugadores de póquer. Y a partir de esto voy a tratar de hablar de los vicios privados y públicas virtudes de los principales candidatos de los cuatro grandes partidos de las dos últimas elecciones[2]. O, dicho de otra manera: ¿cómo serían los principales actuales políticos si fueran jugadores profesionales?
Empezaré en orden ascendente, del que menos votos recibió al que más. Es una cuestión estrictamente matemática, que no haya suspicacias. En cualquier caso creo que ninguno de nuestros actuales políticos sería un gran jugador de póquer real. Aunque sí hemos tenido algunos en la democracia. Todo indica que Adolfo Suárez, por ejemplo, fue un buen jugador. Alfonso Guerra llegó a decir de él que “lo vestiría como a un tahúr del Mississippi”. González y Aznar también fueron buenos jugadores, menos sutiles que el Duque, pero no por ello menos tiburones[3]. Y, por lo que cuentan las noticias, parece que Jordi Pujol también jugó bien sus cartas mientras no le pillaron el farol.

Albert Rivera, el “calling station”.
Es el más joven de nuestro actuales líderes nacionales, y sin embargo no es el más inexperto. Con tan sólo 36 años tiene ya algo más de una década de experiencia en el ruedo político a sus espaldas. En su Cataluña natal salió al ruedo político con firmeza. Podemos decir que ciertamente comenzó apuntado maneras de aprendiz de tiburón. Pero con su llegada a Madrid se ha desinflado un poco. Digamos que ha sufrido de un inicial miedo escénico al pasar a la Primera División. Con su llegada al Congreso ha pasado a tener una actitud de “calling station”[4].

Este tipo de jugador, también llamado loose-passive[5], es el que se apunta a todas las manos. Confía en que la suerte haga que cualquier par de naipes que lleve combinen con los que aparecerán en la mesa. Por eso lo mismo le da llegar a un acuerdo con el PSOE que con el PP, lo importante es tener la posibilidad de entrar en el juego. Este tipo de estrategia es perdedora a largo plazo. Así perdió casi un 1% de su bankroll[6] (votantes) entre la primera y segunda ronda de nuestras fallidas elecciones 2015/2016. Pero Rivera es joven, tiene muchos años por delante, y quizás algún día vuelva a sacar peligrosamente su aleta dorsal a la superficie.

Pablo Iglesias, el maníaco.
Iglesias es sólo un año mayor que Rivera. Pero su experiencia en la política profesional activa es muy inferior, poco más de dos años y medio. Aunque hay que tener en cuenta su larga trayectoria como activista y su experiencia en la Facultad de Políticas, que podríamos equiparar a un perfil muy actual dentro del mundo del póquer contemporáneo: el loose-aggressive[7] proveniente del juego online.

El loose-agressive, también conocido por maníaco, se trata de un tipo de jugador muy peligroso. Su juego, extremadamente agresivo, lo mismo puede darle grandes ganancias que grandes pérdidas. Así vemos como tras su entrada triunfal en la “primera ronda” de 2015 sacó algo más de seis millones de votos, pero en la “segunda vuelta” apenas sacó algo más de cinco (y eso que iba en coalición con la ya casi difunta Izquierda Unida). Estas pérdidas le pueden afectar psicológicamente, lo que se conocer en el argot entrar on tilt[8], o “tildarse”, es decir sufrir un estado de ánimo alterado por un tropiezo inesperado que impide tomar buenas decisiones. Quizás fue eso lo que provocó la desaparición de Iglesias durante unos días tras la segunda ronda, en la que estaba convencido que daría un sorpasso al PSOE. Y tal vez sería la decisión de coaligarse a Izquierda Unida, una add-on[9] que tal vez provocaría su bad beat[10].
Se sobrevaloró como jugador. Pero jugar muy por encima de sus posibilidades es la marca de la casa. Como cuando pretende representar la voz del “pueblo” y nunca haber sacado mucho más de un 14% del voto total. No ser consciente de las odds[11] reales hace que Pablo Iglesias sea un “maníaco” de libro.

Pedro Sánchez, “fish” es “fish”.
Sánchez es el segundo candidato más veterano de todos (en edad y experiencia). Pero también es el que ha tenido una trayectoria menos brillante. Casi toda su trayectoria política surgió de rebote. Podríamos decir que lo suyo ha sido más el “bingo-póquer”.

Pedro Sánchez se presentó por primera vez a unas elecciones municipales en 2003 con 31 años. Y perdió. Pero al año, tras la dimisión de dos concejales de su partido, consigue entrar. Primer golpe de suerte. Tras unos años en esta posición se presenta por primera vez como diputado por Madrid en las elecciones de 2008. También las pierde. Un año después Solbes dimite y Sánchez, de nuevo de rebote, consigue entrar en el Congreso de los Diputados. En 2011 se presenta en las elecciones… ¡Y vuelve a no ser elegido! (No diré perder.) Pero, dos años después dimite Cristina Narbona… ¡¡¡y vuelve a entrar en el congreso de rebote!!! Se presenta a las elecciones como candidato a la presidencia el 20 de diciembre de 2015. Y saca los peores resultados porcentuales de la historia del PSOE en la actual democracia. A pesar de todo, y sin posibilidades matemáticas a favor, se presenta a la investidura apoyado por Ciudadanos. Y, naturalmente, pierde. Es la primera vez que un candidato a la investidura lo hace. Sólo un fish plantea un all-in[12] con todas las odds en contra. Y él lo hace. A pesar de todo no dimite ni lo cesan, y se vuelve a presentar en las elecciones del 26 de junio de 2016. Y entonces saca los peores resultados en cifras absolutas que ha tenido el PSOE desde 1977. Finalmente sus “inversores” fuerzan su dimisión y tiene que renunciar a su acta de diputado. Si eres un jugador mediocre sólo puedes jugar de forma autónoma en las grandes ligas si tienes el dinero que posee Guy Laliberté[13]. Pero si juegas con el dinero de otros y siempre pierdes, más pronto que tarde, te acabarán cortando el grifo de tu crédito. All-in. All-out.
Ganar al póquer con buenas cartas es fácil. Sobre todo si al descubrirse el flop[14] te salen las nuts[15]. Más complicado es ganar con cartas malas, eso es cosa de profesionales. Pero lo más difícil de todo para un novato es saber tirarse teniendo buenas cartas. Decir “no es no” con un par de ases en la mano es difícil. Pero hay que saber aceptar que, pese a tener algo que nos parece muy bueno, la combinación del rival puede ser mejor. Ese error es muy de fishes. Y es lo que le ocurrió a Sánchez. Intentó una colusión[16] pública con Rivera, y tal vez otra oculta con Iglesias, pero las outs[17] que le tenían que llegar de Podemos no aparecieron, y le salió mal la jugada. Hubo movimientos (o falta de ellos) que no se esperaba. Y es que como dice una vieja frase del mundo del póquer: "Si al cabo de un rato en una mesa no sabes quién es el fish, entonces el fish eres tú". Y esto es algo que Pedro Sánchez no tuvo en cuenta.

Mariano Rajoy, la roca.
Cualquier persona medianamente conocedora de póquer al ver superficialmente las acciones (o inacciones) de Mariano Rajoy en política diría que se trata claramente de un tight-passive[18] de manual. Es decir, se trata de un jugador que juega pocas manos, con poco riesgo y sólo cuando tiene buenas cartas en su mano. Al menos es eso lo que las apariencias muestran.
Si observamos los resultados de las últimas dobles elecciones vemos que en la ronda de 2015 sacó algo más de siete millones de votos (un 28,71%) y que en la segunda vuelta, ya en 2016, fue el único que tuvo un ascenso, con casi ocho millones de votos, es decir, aumentó un 4,3%, poniéndose en el 33,01%. ¿Cómo y por qué pudo lograr esto un jugador roca que apenas hace movimientos impredecibles?

Rajoy es el más veterano y con una trayectoria más dilatada en el tiempo de todos los jugadores de esta mesa. Comenzó como diputado gallego el 20 de octubre de 1981, con 26 años, igual que el joven Rivera. Y después: concejal por Pontevedra, presidente de la Diputación Provincial de Pontevedra, diputado en las Cortes por Pontevedra, vicepresidente de la Junta de Galicia, ministro de Administraciones Públicas, ministro de Educación y Cultura, Vicepresidente Primero, ministro de la Presidencia del Gobierno, ministro de Interior, Portavoz del Gobierno, de nuevo ministro de la Presidencia y, finalmente Presidente del Gobierno. En definitiva, más de 35 años de experiencia en la arena política.
El primer intento de Rajoy para alcanzar la presidencia terminó con un terrible bad beat. Quizás por eso los inversionistas del PSOE pensaron que repetir con un jugador con características similares a las de ZP en 2015 volvería a ser una buena idea. Pero la suerte es caprichosa, y el póquer es mucho más que un juego de azar. En 2015 el torneo español pasó de ser tipo heads up[19] a ser una mesa de cuatro jugadores, y en estos casos es un error no cambiar el estilo de juego. Las manos con las que podemos entrar en juego se reducen. En los torneos hay que saber adaptarse a los cambios.
Rajoy y sus asesores pudieron observar las características del juego de cada uno e inesperadamente usaron la estrategia del slowplay[20]. Se encontraban frente a jugadores jóvenes, llenos de ganas de apostar fuerte, sólo había que dejar que se estrellaran ellos mismos. En grandes torneos al principio siempre es mejor esperar a que el trabajo sucio lo hagan los otros. Un fish agresivo acaba siendo tragado por un fish con suerte. El pescado grande se come al pequeño. Y después sólo te queda un fish, y no dos, con el que lidiar. Y así fue.
El juego de Sánchez y de los otros era un juego straightforward[21], muy de corazón, casi mostrando sus cartas. Por eso fue un buen cambio de estrategia dar un paso atrás y aprovechar la fuerza del contrario. El aparentemente siempre previsible Rajoy se convirtió en un jugador tricky[22] creando una ansiedad de acción en sus fogosos contrincantes. Una vez logrado el patinazo volvió a convocar un nuevo torneo en el que acabó consiguiendo lo que quería. Aunque tuviese que negociar el reparto del fondo final de premios.
Y es que en la política (y en el póquer) la veteranía es un grado.





[1] La variante de póquer que usaré es la del Texas Hold’em. No tan conocida por el público ajeno al juego (que quizás se haya quedado en la variante de cinco cartas de las películas del Oeste) pero es la más popular entre los aficionados en la actualidad.
[2] Esto se escribe en enero de 2017. Con lo que me refiero a las elecciones generales que se celebraron en España el 20 de diciembre de 2015, y a las que se repitieron medio año después (casi a modo de segunda vuelta) el 26 de junio de 2016.
[3] Shark: En la jerga del póquer el shark (tiburón) es el más peligroso jugador de póquer. Es el prototipo ideal del profesional. Conservador y agresivo. Es selectivo con sus manos, y agresivo en sus jugadas.
[4] Calling station significa literalmente “llamando a la estación”.
[5] Loose-passive: Poco selectivo pasivo. Jugador que juega muchas manos de manera pasiva.
[6] Bankroll: Dinero que un jugador que tiene en la mesa disponible para jugar.
[7] Loose-aggressive: Poco selectivo agresivo. Jugador que juega muchas manos, entrando a ellas con apuestas muy fuertes.
[8] Tilt significa literalmente inclinar.
[9] Add-on: Recompra de fichas que pueden aumentar tu bankroll en un torneo.
[10] Bad beat: Perder una mano inesperadamente cuando creías que tenías la mejor combinación posible, siendo la de tu rival muy remota.
[11] Odd: Probabilidad matemática de mejorar la mano (o no) con las cartas que quedan por aparecer.
[12] All-in: Apostar todas tus fichas en una única jugada.
[13] Fundador del Circo del Sol y jugador de póquer aficionado con pérdidas millonarias.
[14] Flop: Las tres primeras cartas comunes que se muestran en la mesa.
[15] Nut: La mejor mano posible con las cartas que hay en la mesa.
[16] Colusión: Complicidad entre dos o más jugadores para intercambiar información sobre sus cartas.
[17] Outs: Cartas que si salen hacen que tu mano sea la mejor.
[18] Tight-passive: Juegan pocas manos y las juegan de forma pasiva. Se les conoce popularmente como “rocas”.
[19] Heads up: Partida entre dos únicos jugadores.
[20] Slowplay: Estrategia de juego pasivo que trata de aprovechar la impetuosidad del rival.
[21] Straightforward: Jugador con un estilo directo que no suele variar su juego para desorientar a los adversarios
[22] Tricky: Jugador que cambia de forma inesperada su estilo habitual de juego dejando descolocado al adversario.