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domingo, 23 de julio de 2017

Implicaciones de la transexualidad y el transgénero en la vida pública. Trans, V.

“—Doctor, necesito hormonas y que me opere.
—¿De qué está usted enfermo?
—Yo no estoy enferma. No me “patologice”.
—Pero es que usted me ha dicho que necesita…
—Está claro que no tiene ni idea de lo que me pasa. Escúcheme bien que YO se lo voy a explicar…”

No busquemos evidencias si ya tenemos el transplaining.
Ya hemos visto que la cuestión transgénero no es algo simple, ya que tiene múltiples implicaciones que hacen que el fenómeno vaya más allá que las que pueda tener una simple tendencia sexual no heteronormativa. Pero por otro lado no podemos negar que se encuentra en ese grupo de personas que han sufrido y sufren discriminación[1]. Esto es un hecho. Como también lo es que desde finales de los años sesenta esta discriminación en Occidente ha sido progresivamente reducida con notables éxitos. Y esto ha hecho que el colectivo se haya ido ampliando en sucesivas olas.
Hay dos puntos que unen a estas personas: vivir una sexualidad fuera de la norma y estar marginados por ello. Pero estos dos puntos encierran una gran diversidad en sus diferentes manifestaciones. No es lo mismo limitar tu diferencia a un deseo emocional, a que ese deseo te lleve a realizar transformaciones irreversibles en tu cuerpo. El sexo homosexual o el travestismo pueden ser fluidos y cambiantes, pero provocar una castración o una histerectomía son acciones que no tienen vuelta atrás, no somos figuritas de Lego. Y tampoco es lo mismo tener relaciones sexuales no heteronormativas que pedir dinero público para adaptar tu cuerpo a tus deseos, o exigir a la Administración que se creen ficciones jurídicas en las inscripciones del registro civil para figurar legalmente a tu gusto.
De la misma forma que es injusto que se legisle sobre lo que puedan hacer personas adultas de forma razonable y de mutuo acuerdo en su intimidad, tampoco se debe decidir por deseo de la mayoría lo que la ciencia pueda o no pueda investigar, ni forzar las conclusiones científicas en asuntos en los que no hay consenso por la presión de un grupo ideológico, eso es irracional. Porque como dice el profesor Jesús G. Maestro: “La razón no puede reducirse ni a lo que piense un individuo, porque la razón no es autológica ni yoísta, ni a lo que piense un gremio o un grupo, por fuerte o intimidatorio que sea, porque la razón no depende del nosotros, no cabe en el nosotros. La razón rebasa las posibilidades del yo y las posibilidades del nosotros, está por encima del individuo y del grupo.” Y el entorno LGTBIQ, acogiéndose a esta discriminación, ha estado forzando la razón desde que la Asociación Americana de Psiquiatría en su reunión del 15 de diciembre de 1973 retirara la homosexualidad del Manual de Diagnóstico y Estadística de los trastornos mentales (DSM) por un estrecho margen de votos.
El poder de este lobby ha hecho que actualmente existan leyes que pretende extenderse por todo Occidente que cometen ese lamentable error. Se está legislando basándose en creencias o ideologías sin fundamento científico. Vivimos en pleno síndrome de Galileo.
Eppur si muove…

Los estudios de género como (de)construcción social.
Con los conocimientos que disponemos hasta ahora, hay que tener en cuenta que estamos hablando de personas que tienen una percepción subjetiva de pertenencia a otro sexo. No podemos negar que si esto les produce sufrimiento no se trata de una cuestión baladí, pero no por ello deja de ser una simple percepción subjetiva.
Por otro lado, si hay sufrimiento o malestar en las personas que viven esta percepción ya hay algo que sí podría ser del ámbito médico o psicológico. Porque una de las incongruencias que se produce en la cuestión trans es no querer aceptar el trastorno como tal, sino que tratan de normalizarlo como un hecho más de lo que constituye nuestra probable idiosincrasia. Porque lo cierto es que las características habituales no perturban normalmente a las personas ni precisan de una readaptación quirúrgica ni hormonal. También es cierto que hay cuestiones que nos pueden perturbar sin ser cuestión de vida o muerte. Como tener alopecia o un vientre muy abultado, pero ni los implantes de pelo ni las liposucciones las cubre la Seguridad Social. Existen otras más importantes, como tener falta de vista o estar sin dientes. Y ni las gafas ni las prótesis dentales se cubren con dinero público. ¿Por qué va a cubrir la Seguridad Social algo que los que lo viven no lo consideran una patología o un trastorno? Y es absurdo que por ley ellos puedan informar que poseen esta característica, pero no se les pueda decir que se trata de un trastorno. O dicho de otra manera, si alguien sienten un malestar con el sexo con el que ha nacido tendrá que aceptar que tiene un problema, que podemos llamar disforia de género, trastorno de la identidad sexual o incongruencia de género, da igual el nombre. Pero ahí hay algo que no funciona.

La dictadura de la imagen: ¿Se reasigna el sexo o tan sólo su apariencia?
Uno de los tópicos contemporáneos es denunciar que vivimos en una sociedad de apariencias, y en ese sentido una parte importante del fenómeno trans es eso: apariencia. Porque por mucho que no guste hay que entender y asumir que por ahora no es posible cambiar el sexo de una persona, salvo en su imagen externa. Los procesos de reasignación sexual sólo inciden en la apariencia del sujeto, su realidad cromosómica seguirá siendo la que se le asignó en su gestación. Eso, actualmente, no es modificable. Por mucho que se diga: la reasignación de sexo no es posible. La ciencia no lo ha conseguido. No podemos descartar que la ingeniería genética pueda lograr algún día el cambio, pero actualmente esto aún no es posible. Por ahora se trata tan sólo de crear una imagen de mujer o de hombre, una ilusión. Hacer que las personas vivan en una fantasía. Sentir no es ser, pero si les vale…
No voy a extenderme en el aspecto legal del asunto, de las ficciones jurídicas que esto implica. Ni siquiera en el problema que se crea en las pruebas deportivas. ¿Acaso habrá que crear nuevas categorías olímpicas para no ser injusto con las personas por su sexo “nativo”?

¿Tiene el viento la respuesta?
Actualmente el cerebro humano es como el Manuscrito Voynich. Podemos imaginar de qué va cada parte por los dibujitos, pero como no estamos muy seguro de lo que realmente dice aún tenemos que movernos entre conjeturas y probabilidades.
Las causas podrán ser biológicas, psicológicas o sociológicas, incluso una compleja mezcla de todas, pero lo cierto es que no se sabe a ciencia cierta. Por lo tanto, si no existe el acuerdo no podemos descartar ninguna de sus hipótesis. Al menos no debería existir una superioridad moral de ninguna sobre las otras. Se puede opinar sobre ello, o incluso argumentar apoyándose en alguna de sus teorías, pero lo que no podemos hacer es sentar cátedra afirmando que tenemos detrás un consenso global, porque simplemente no existe.
Y en toda esta maraña de datos tenemos claras muy pocas cosas:
1.     En el ser humano sólo hay dos sexos: masculino y femenino. La cuestión del intersexo (que espero tratar en otra ocasión) se trata de una serie de errores genéticos que no crean un tercer sexo definido.
2.     La identidad de género a veces varía, eso no lo pongo en duda, pero no sabemos con total certeza por qué motivo. A mi juicio hay más evidencias fisiológicas (variaciones hormonales y genéticas) que sociales o culturales, pero aceptar esto supondría un inconveniente para cierto feminismo, ya que implicaría que ciertos roles tienen una base que explicaría la biología evolutiva, cosa que chocaría con sus intereses ideológicos.
3.     La orientación sexual también podría tener una etiología múltiple. Algunos estudios indican que quizás en este caso no sólo son cuestiones sociales, culturales y educacionales, sino que también determinadas experiencias vitales pueden influir. Pero ya esto sería objeto de otro artículo.
4.     Por último, a través de la pasión etiquetadora de los estudios de género, ha aparecido una nueva vía, la expresión de género, para indicar las maneras en la estéticamente uno se presenta ante la sociedad (maneras masculinas, femeninas o andróginas) y esto sí, definitivamente es una estricta cuestión cultural, e incluso, en algunos casos, una pura pose.

Después de todo este tiempo considero que la polémica que generó la entrevista parte de una falsedad en su origen, voy a creer que por ingenuidad, y es la de considerar que el asunto de la transexualidad es “así de sencillo”. Esto no lo es de ninguna manera. Está tan alejado de ser algo sencillo que no ha podido poner en acuerdo a la comunidad científica en un siglo y medio.
Para finalizar voy a tomar como referencia dos de las posturas más claramente enfrentadas que existen actualmente: Paul R. McHugh y Judith Butler. Sus frases, por orden de aparición, pueden dejar bien claras las dos principales posturas (no únicas) que existen actualmente en relación a este asunto:

Judith Butler: “El género es una construcción independiente del sexo, un artificio libre de ataduras. Hombre y masculino podrían significar tanto un cuerpo femenino como uno masculino; mujer y femenino, podría ser tanto un cuerpo masculino como uno femenino.”[2]

Paul R. McHugh: “Uno podría esperar que aquellos que afirman que la identidad sexual no tiene base biológica o física traerían más evidencias que fueran convincentes. Pero como he aprendido, hay un profundo prejuicio en favor de la idea de que la naturaleza es totalmente maleable.”[3]



Epílogo.
Casualmente cuando me dispongo a publicar estos artículos aparece la sentencia del recurso de apelación[4] presentado por HazteOir.org por la retirada cautelar del autobús que inició toda esta polémica. Y creo que nos deja al menos un par de perlas relacionadas con lo que cuento aquí con las que quiero dar finalizado, por ahora, esta serie.
 “Admitir la persecución de ideas que molestan a algunos o bastantes, no es democrático, supone apoyar una visión sesgada del poder político como instrumento para imponer una filosofía que tiende a sustituir la antigua teocracia por una nueva ideocracia .”
            “Por último, no deja de llamar la atención que el denominado  “Tramabús” , autobús fletado por el partido político ”Podemos”, hace unos meses,  que circuló durante un tiempo y tuvo amplia cobertura informativa , llevaba , además  de leyendas sobre la corrupción, las figuras perfectamente  identificables, de políticos y algún periodista , que con independencia del juicio que cada uno pueda tener de ellos, tienen derecho a ver respetada su dignidad y presunción de   inocencia, y sin embargo ninguna autoridad impidió su circulación.”
En este caso parece que se ha hecho justicia, pero esto no ha hecho nada más que empezar.




[1] Los posibles motivos podrían ser interesantes para otra serie de artículos, pero lo importante ahora sólo es constatar el hecho.
[2] Judith Butler, Gender Trouble,Feminism and the Subersion of Identity, New York, Routledge, 1990, p. 6.
[3] https://www.firstthings.com/article/2004/11/surgical-sex
[4] Recurso de Apelación 921/2017. Origen: Juzgado de Instrucción N.º 03 de Madrid. Diligencias previas 450/2017

sábado, 22 de julio de 2017

El género se construye… porque yo lo valgo: Trans, IV.

Resumen de los artículos anteriores:
Pese a que llevamos casi un siglo y medio de estudios e investigaciones, actualmente seguimos sin tener un consenso científico global sobre el origen de lo que se ha llamado transexualidad, disforia de género, trastorno de la identidad sexual o incongruencia de género.

GAFAPASTA/NERD MODE OFF.
***
POPULIST MODE ON.

“Todas las opiniones y nociones a las que se nos ha acostumbrado desde la infancia se arraigan tan profundamente que nos es imposible erradicarlas, aunque empleemos todo el poder de la razón.”[1] David Hume, Tratado de la naturaleza humana.

Los estudios de género son ciencia… ¿ficción?
Se ha convertido en costumbre, especialmente cuando quieren cerrarte una discusión en la que estás presentando argumentos, en enviarte a que te informes. Sin duda es mejor eso a que te manden a la mierda, pero no deja de ser curioso que se crea que en cada asunto exista una única información contrastada y canónica que nos pueda sacar de toda duda. En cualquier caso, después de pasarme casi cuatro meses dedicado en exclusiva a leer sobre transgénero, se podrá estar en desacuerdo o no con las conclusiones que ahora presento, pero lo que no se podrá decir es que no me he informado. También quiero dejar claro que he ido hacia este estudio bastante libre de prejuicios y de cargas emocionales: no conozco a nadie directamente afectado por ello, no profeso religión alguna y no me debo a ninguna ideología partidista.
Con lo que ahora sé he vuelto a ver la entrevista de Iñaki López a Ignacio Arsuaga, que fue la chispa que encendió este estudio, y puedo decir con seguridad que aquello fue un total despropósito. El periodista no sólo no se había informado en exceso, sino que parecía no tener ni idea de lo que estaba hablando, más allá de tópicos y consignas mal aprendidas. Tanto es así que hasta desde las propias filas del entorno LGTB alguien le llamó al orden[2].
Sin discutir la veracidad de las definiciones que los estudios de género dan sobre las categorías que ellos mismos proponen, lo que está claro es que Iñaki López las desconocía por completo. Por ejemplo, confundía sexualidad con identidad de género, lo que ya hacía surrealista todo el debate posterior. O, como indica el bloguero LGTB que he enlazado, confundía también identidad de género con orientación sexual. Vamos, que se hacía un lío.
Iñaki López exclama en la entrevista con un vigoroso entusiasmo que “la biología dice claramente que la elección del sexo… la sexualidad está en la cabeza, no en los genitales”. Como si “la biología” se hubiera pronunciado sobre este asunto en un comunicado oficial. Como si la biología fuese una unidad de destino en lo universal. De todas maneras, si te has tomado la molestia de leer la compilación que he hecho sobre transgénero y ciencia (si estás entre los lectores perezosos no te preocupes que ahora te lo resumo) has podido ver que no ha sido esta una cuestión estrictamente biológica, sino más bien propia de psicólogos y psiquiatras, y que, por último, ha sido apropiada por filósofos y por científicos sociales. Sobre esto quiero mostrar una tabla sinóptica que puede darnos una idea de cómo el sesgo ideológico y biográfico puede estar en todas las partes:



No hay más que echar una mirada superficial para observar que la biología y la neurociencia han optado más en ver en este asunto como una cuestión fisiológica, mientras que las ciencias sociales y otros estudios de raíz filosófica (entre los que además se encuentra una mayoría de individuos afines al sexo no heteronormativo) han preferido verla como una construcción sociocultural. ¿Habrá por alguna parte, o por las dos, un sesgo y/o conflicto etic/emic?

Iñaki López y el pensamiento gaseoso.
 “—Usted lo que pide es que algunos profesores eduquen a sus hijos en base a hechos biológicos que ustedes se han inventado y que no existen.
—Bueno, vamos a ver, yo tengo hijos en primaria y en la ESO, y yo he cogido el libro de Biología y cuando habla del aparato reproductor masculino pues, desde luego, se habla del pene y de los testículos…
—¿Y qué tiene que ver eso con la sexualidad?
—…
—Bueno, sí, un pene es un pene, un codo es un codo, los ojos son los ojos… Pero la sexualidad está en la cabeza, no en los genitales.”

Si calificamos el pensamiento por su consistencia podemos tener reflexiones sólidas, líquidas, gelatinosas o gaseosas. Ese es el caso del pensamiento de Iñaki López, el suyo es un pensamiento evanescente como el humo. Sus opiniones están basadas en prejuicios fuertemente arraigados que difícilmente podrán ser erradicados con el uso de la razón. Esto es así porque “lo ha dicho la ciencia” y punto.
Vayamos a los hechos.
En nuestra especie sólo hay dos sexos: masculino y femenino. Es cierto que existen algunos síndromes en los que esto no se define claramente, pero eso son trastornos. La naturaleza no es perfecta y a veces falla. Desde el punto de vista genético no existe un “tercer sexo”. Quizás a lo que Iñaki López se quería referir, y uso el lenguaje propuesto por los estudios de género, es a la identidad de género, que no es una cuestión biológica, sino psicológica, o si quieren filosófica, sociológica o antropológica. En cualquier caso, entre nuestros genitales y nuestro cerebro sí hay una importante relación, y es mucho más íntima que la que podemos tener con nuestro codo e incluso con nuestros ojos, porque se puede carecer de estas dos partes del cuerpo y tener aún sexualidad, pero sin los genitales es imposible. Ya que a partir de la cuarta semana de gestación de nuestra especie es cuando nuestra gónada bipotencial se desarrolla como masculina o femenina y a partir de ahí, en varias fases, envía hormonas al cerebro y a otras partes del cuerpo (testosterona o estrógenos). Y es por esto que se cree que existen esas diferencias entre los cerebros masculinos y femeninos. Por esto los genitales con respecto a la sexualidad NO son una parte del cuerpo cualquiera, como es el codo o los ojos (aunque también podamos sentir sensaciones sexualmente placenteras con ambos) sino que son una parte esencial.

Las leyes LGTB: el síndrome de Galileo.

“—¿En serio está prohibido en España que un homosexual quiera ser heterosexual?
—Está prohibido con una multa de 45.000 € que una persona le ayude a ese homosexual para dejar de serlo.
—Señor Arsuaga, ¿en qué ley viene eso?
—Lo ha dicho Carla Antonelli, en la Ley de Madrid que se aprobó en julio.
—¿Me quiere usted decir que el que sea homosexual y quiera pasar a la heterosexualidad en España, no puede por ley?
—No puede recibir ningún tipo de ayuda. Si una persona le quiere ayudar, esa persona que le ayuda va a recibir una multa de 45.000€. Eso, en mi opinión, es una imposición y es, en última instancia, autoritaria.
—Es que a mí me parece todo de ciencia ficción, señor Arsuaga.
—Está en la ley, está en la ley…”

Uno de los momentos más desafortunados de la entrevista fue cuando demostró que no sólo no se la había preparado, sino que ni siquiera estaba atento a su desarrollo. Tenía ya tan arraigado sus prejuicios que era incapaz de escuchar.
Ciertamente la Ley 2/2016, de 29 de marzo de la Comunidad de Madrid[3], calco de otra de Extremadura[4], es un auténtico despropósito[5]. Con esa ley se está cayendo el mismo error que se ha cometido en otros momentos históricos, cuando se creía que interpretaciones de creencias particulares podían estar por encima de las evidencias científicas. Si no sabemos a qué se debe la disforia de género y ni siquiera podemos decir que tenga una etiología única ¿cómo podemos estar seguros de que todas sus variantes son sanas e inmutables? ¿Es que acaso no tienen en cuenta que los sentimientos transgénero aparecen en cuadros de comorbilidad acompañando a patologías definidas? Existe literatura científica que vincula estos deseos transgénero a pacientes esquizofrénicos[6], a maníaco-depresivos[7] y a otras psicopatías[8]. Existen además indicios que vinculan una importante proporción de pacientes con trastorno de espectro autista a trastornos de identidad sexual. Se ha encontrado que en personas con síndrome de Asperger su porcentaje es muy superior a la media[9]. ¿Se va a multar al médico que trate a estos pacientes? No niego que es desafortunada la expresión de terapia de aversión o de conversión, pero ¿cabría en esto la terapia de aceptación? ¿Si prohibimos terapias con bajo índice de éxito habría también que prohibir otras terapias a las que aún no se ha conseguido un nivel de éxito aceptable?
Lejos del prejuicio fuertemente arraigado de Iñaki López y otras muchas personas, lo cierto es que ante el asunto transgénero no existe ninguna evidencia científica que corrobore su causa. Sólo tenemos que se trata de un sentimiento subjetivo de algunas personas. Como hay personas que se ven gordas cuando los demás vemos objetivamente que están en los huesos. Si entendemos que lo de las personas que sufren anorexia nerviosa es un grave problema de percepción. ¿Por qué hay personas que no aceptan que esto también puede ser un trastorno similar? Doy una posible causa: por la discriminación. La discriminación y violencia hacia los colectivos no heteronormativos ha sido y es un hecho real y trágico en el mundo. Y esto ha generado la necesidad de la creación de los colectivos de defensa. Desde finales de los años sesenta gais, bisexuales, lesbianas y travestis descubrieron que unidos conseguían ventajas para sus intereses. Y por ello necesitaban ampliar su grupo de presión lo máximo posible. En este sentido las personas transgénero, y después las intersexuales, fueron miembros preferentes del club. Y puede que también sean grupos humanos que hayan sufrido marginación y violencia injustificada por cuestiones relacionadas con el sexo, pero no podemos decir que se trate de exactamente lo mismo. Ya que la transexualidad, aunque coincida con la homosexualidad el ser un hecho sexual diverso, no sólo implica tener deseos sexuales entre adultos, esto va más allá, ya que tiene implicaciones médicas y legales más complejas.  

¿Hay niños con vulva y niñas con pene?: El sexo de los ángeles.
“—El niño que nace con pene es varón, y así queda registrado en el Registro Civil.
—¡Que no, que no, señor Arsuaga! Es una pena que no tengamos un biólogo con nosotros. La biología, lo hemos comprobado los científicos (sic), lo niega. El género está en el cerebro, no en los genitales. ¡Puede haber niños con vulva!”

El aspecto más controvertido del transgénero es cuando se aplica a la infancia. La infancia es un periodo de aprendizaje intelectual y emocional. Entender el mundo que nos ha tocado vivir no es una tarea fácil. Y sentirnos bien en ese mundo a veces es mucho más difícil. La infancia es per se un periodo de continuos cambios y pruebas. En esa fase los niños pueden probar y dudar de todo, incluso del género que la genética le ha asignado, lo que no tiene que indicar que se traten esas pruebas y dudas de cuestiones inmutables e intocables. De hecho, los estudios de los que disponemos hasta ahora arrojan resultados diversos y nada concluyentes[10]. Lo que sí parece claro es que la persistencia es mayor en aquellos casos en los que la recepción del fenómeno es favorable. Pero aun así hay que tener en cuenta los casos en los que esta percepción remite. ¿Qué sucede con estos niños si antes de su remisión ya se ha iniciado con ellos un proceso de readaptación? ¿Cómo decidir con cual niño esto se inicia y con cual no? ¿Cómo podemos dar crédito a los sentimientos de un niño cuando estos son frágiles y cambiantes por naturaleza? ¿Vamos a convencernos de que el sentimiento transgénero de un niño va a ser estable y prolongado en el tiempo? ¿Pensaríamos lo mismo si tiene un amigo invisible? ¿Vamos a darle toda nuestra atención y apoyo por una probabilidad irreversible?
El Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría reconoce que la persistencia de la disforia de género de niños una vez que llegan a la edad adulta no es mayoritaria, y de hecho en algunos casos casi insignificante.

“Según el DSM- 5, “en los nacidos varones, la persistencia [de la disforia de género] oscila entre el 2,2% y el 30%. En las nacidas mujeres, la persistencia oscila entre el 12% y el 50%.”67 Los datos científicos sobre la persistencia de la disforia de género siguen siendo escasos debido a la muy reducida prevalencia del problema entre la población general, pero la amplia mayoría de resultados en la literatura apuntan a que aún no sabemos mucho sobre por qué la disforia persiste o remite en los niños. Tal como observa el DSM-5 más adelante, “no está claro si los niños a los que se ‘anima’ o apoya para vivir socialmente según el sexo deseado vayan a presentar mayores tasas de persistencia, ya que aún no se ha seguido longitudinalmente a dichos niños de modo sistemático.”68 Claramente, es necesario llevar a cabo más estudios en este campo y también que padres y terapeutas reconozcan la gran incertidumbre existente sobre cómo interpretar la conducta de estos niños.” (Pág. 98.) [11]

Varios estudios recientes[12] siguen marcando un índice de suicidios y de trastornos mentales en personas jóvenes que han sido sometidas a la “reasignación” de sexo. No puede haber duda que hay que seguir investigando. Quizás no sea una cuestión de reasignación, como no lo era la aversión ni la conversión, quizás habrá que encontrar un camino intermedio, en la aceptación, quizás.
La polémica profesora Camille Paglia hace una interesante y audaz reflexión sobre este asunto[13]:

"Se anima a los padres a someter al niño a procedimientos que creo que son una forma de abuso infantil: las hormonas para retardar la pubertad, las manipulaciones quirúrgicas, etcétera… Creo que esto es incorrecto, la gente debería esperar a que sus hijos estén informados y tengan la edad de consentimiento.”

La perspectiva que no podemos dejar apartada es que se trata de una apreciación subjetiva del individuo. Es decir, no hay una prueba objetiva de que esta disforia corresponda a un hecho biológico concreto. No estamos hablando de intersexo, hablamos de niños en los que sus cromosomas marcan su clara pertenencia al grupo XX o XY. O sea, niños con pene y niñas con vagina. Son casos equiparables a los de las personas anoréxicas que se ven gorda, pero pueden estar en los huesos. Una apreciación subjetiva que no corresponde con la realidad. Y además hablamos de individuos inmaduros, en fase de formación. Por ello, lo que no parece razonable es aceptar y estimular con alegría y sin reflexión a los niños que en un momento se les cruza esta idea. Todo deseamos ser queridos y aceptados, pero esto puede ser un camino equivocado de lograrlo. Por eso, ahora que he leído, he reflexionado y me he informado de todo este asunto, creo que lo escandaloso del autobús de HazteOír no estaba tanto en su mensaje, que era simple y obvio, sino en descubrir que existen asociaciones de niños transgénero. Eso, con la escasez de evidencias científicas que disponemos en estos momentos, realmente me parece que es más peligroso.
Sin tener conclusiones definitivas, por ahora, la cautela debería ser la mejor opción.



[1] D. Hume, Tratado de la naturaleza humana (Editora Nacional, 1981/Ediciones Orbis, 1984) págs 231,232.
[3] Ley 2/2016, de 29 de marzo, de Identidad y Expresión de Género e Igualdad Social y no Discriminación.
[4] Ley 12/2015, de 8 de abril, de igualdad social de lesbianas, gais, bisexuales, transexuales, transgénero e intersexuales y de políticas públicas contra la discriminación por orientación sexual e identidad de género en la Comunidad Autónoma de Extremadura.
[5] Es especialmente desafortunado el artículo 70 que se refiera a las infracciones, ya que cierra la posibilidad de tratamiento apacientes con comorbilidad, antes los que esta tendencia es temporal, pudiendo convertirla en definitiva, con los consiguientes arrepentimientos irreparables.
4. Son infracciones muy graves:
c) La promoción y realización de terapias de aversión o conversión con la finalidad de modificar la orientación sexual o identidad de género de una persona. Para la comisión de esta infracción será irrelevante el consentimiento prestado por la persona sometida a tales terapias.
[6] Gittleson NL, Levine S: las ideas subjetivas de cambio sexual en los esquizofrénicos masculinos. Br J Psychiatry 1966; 112: 779-782.
[7] Habermeyer E, Kamps I, Kawohl W. Un caso de la psicosis bipolar y transexualismo. Psychopathology.2003; 36: 168-170.
[8] Mayer C, Kapfhammer HP: La coincidencia de la transexualidad y la psicosis. Neurólogy 1995, 66:225-230.
http://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0211-57352012000100008
[9] https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/24619651

domingo, 14 de mayo de 2017

Apostillas al díptico de la guerra de los autobuses: el “derecho” al insulto, las etiquetas y la utilidad de protegerse en un armario. (Hoy más biográfico que nunca.) – Libertad de expresión, 4ª parte.

No voy a dejar que la actualidad se imponga a mis intenciones, ni aunque sea para darme la razón. Porque es cierto que podría comentar la desafortunada proposición de ley de Podemos (según ellos como intermediarios) contra la discriminación LGTBIQ+++ (y todo lo que quieran poner). El asunto toca de pleno lo que estoy tratando en mi serie sobre la libertad de expresión, ya que nació a partir del autobús de HazteOír. Me sobrarían los motivos para atacar a mis bestias negras podemitas. Pero no. En este caso sería injusto. Hoy (y sólo hoy) estos hijoputas[1] son mis hijoputas. Porque sería una hipocresía no haber empezado la guerra con las leyes, casi miméticas, que ya aprobó antes el PP en Extremadura en 2015 o en Madrid en 2016. Así que será otro día cuando hable de todo esto. Sólo te dejo un apunte: te animo a que leas o releas el libro V de La República de Platón, cuando pone en boca de Sócrates la diferencia entre opinión y conocimiento. Porque yo creo que por ahí palpitan muchos de los problemas que tenemos actualmente. Pero hoy sigo con lo mío.
***
Ahora lo contracultural es no ser de izquierdas.

"Para que triunfe el mal, basta con que los hombres de bien no hagan nada." Edmund Burke.
 Aunque se preste al chiste fácil, confieso que yo durante muchos años he sido un idiota en una de sus antiguos significados etimológicos[2]. Yo podía tener algunas inevitables opiniones, supongo que más emocionales que razonadas, pero no las exponía en público. Pero lo que siempre me llamaba la atención era la seguridad con la que las personas de izquierdas proclamaban en cualquier parte las suyas, dando por sentado que los demás presentes las compartiríamos. Y la verdad es que en mi caso casi nunca ha sido así.
He sido niño de la Transición, abrí mi mente a la política durante el “reinado” de Felipe González, y después, durante muchos años, me dediqué al arte. Así que he estado casi toda mi vida bajo un establishment que se autodenominaba progresista. Tanto ha sido así que para mí lo contracultural siempre ha sido no ser de izquierdas. De niño no tuve tan poco dinero como para envidiar al que lo tenía, y de adulto nunca he tenido tanto como para tener mala conciencia por ello. Y siempre he pensado que, aunque bienintencionadas, la mayor parte de las propuestas de la izquierda, por su poca solidez, acaban causando más problemas que ofreciendo soluciones. Así que nunca me ha dado por hacerme o sentirme socialista ni ninguna de esas cosas.
El bendito azar, más importante en nuestras vidas de lo que creemos, hizo que la primera vez que oí a alguien explicar por qué él era de izquierdas sería en una de esas tertulias políticas de la época, tal vez en La clave o alguna así. El tipo explicaba que si se iba a comprar unos zapatos esperaba que algo que él llamaba el Estado le iba a proteger de que estuviesen bien fabricados, siguiendo unas normativas preestablecidas. Mi yo niño, como descendiente de comerciantes que se remontan a los Reyes Católicos, se sorprendió de aquello porque le resultó una memez. Si aquel señor con bigote quería unos zapatos de calidad, pensaba yo, tendría que buscar un buen fabricante de calzados. ¿Por qué tendría que intervenir eso que él llamaba Estado en esa transacción privada? Pese a esto, no estoy describiendo la infancia de un monstruito liberal strictu sensu. Mi educación cristiana, bajo diferentes carismas, me lo hubiera impedido. Aunque no niego que hay un par de acepciones de la palabra liberal que me gustan mucho.



El insulto como etiqueta (y viceversa).

“Allison: Estoy a la mitad de mi tesis universitaria.
Alvy: ¿Sobre qué?
Allison: El compromiso político en la literatura del siglo XX.
Alvy: Ah, ¿a ti te gustan los judíos universitarios, neoyorkinos, intelectuales, liberales, izquierdistas y las colonias socialistas de verano, y los posters de los años 20, y los grafitis de denuncia, y los mítines y las manifestaciones…? Párame antes de que diga más imbecilidades.
Allison: No, eso es esplendido. Me encanta que me reduzcan a un estereotipo cultural.
Alvy: Yo soy un reaccionario, ¿sabes? Pero de la izquierda.” De los diálogos de Annie Hall. Escrita por Woddy Allen y Marshall Brickman.

Etiquétame y presume de ello.
Me gustaría poder darte una etiqueta para que pudieras presumir de mí. “¡Eh, mira lo “open mind” que soy que tengo un amigo X[3]!” Pero eso no sería cierto. Me gustaría poder reducir mi pensamiento a un “estereotipo cultural”, pero no me resulta fácil. Hace años pensaba que era un pacífico anarquista de derechas, más que nada por la broma, porque nunca he sido tan activista como un anarquista (no me veo tirando bombas ni clavando piolets a la gente). Así que lo cambié por un moderado ácrata demócrata cristiano, pero con esto había que dar muchas explicaciones. Me queda la posibilidad de ser un libertario pequeño burgués… Pero no sé, creo que me lo voy a seguir pensando. Lo que sí me parece muy pobre es eso de “facha”. Hay que ver lo gastada que está esa palabra. Ya ha perdido por completo su sentido original. Las pocas personas que se etiqueten fascistas que puedan quedar estarían ya hasta mal vistos por los originales. Quizás por eso me hizo ilusión cuando alguien en Twitter hace poco trató de insultarme diciendo que mis propuestas son “cuentos liberales”. Pero como ya he dicho no creo que yo sea muy liberal, salvo por su cuarta acepción y algo de la quinta, pero agradezco al menos su originalidad.  En cualquier caso, si me lees y te parece mal lo que aquí digo, etiquétame y presume de ello.

Esta pequeña digresión autobiográfica, dentro del gran circunloquio de esta serie, viene a cuento de mi actitud en la vida pública con respecto a la política. ¿Por qué he permanecido a ella durante años? Pues porque muy pronto vi que discutir a estas personas sus ideas no nos llevaba a nada, especialmente entre personas que no nos dedicábamos a ello. Y vi que las personas de izquierdas tenían una serie de ideas y prejuicios muy arraigados que era imposible de contradecirles, por más que los hechos les contradijeran se mantenían en sus principios con una fe ciega. Por ello llegué a la conclusión que se trataba de una cuestión de fe, que era una religión sin Dios, pero no por ello menos mística. Así que tomé la decisión de entrar en un respetuoso silencio. Es decir, entré en un armario ideológico. En este sentido acabé entendiendo muy bien a mis amigos homosexuales que preferían vivir sus deseos con discreción. ¿Para qué meterse en discusiones que no llevan a ninguna parte?

Ya en este siglo, con la llegada de Facebook, decidí dejar de leer las homilías de mis numerosos amigos de izquierdas por la red. Si yo no les aleccionaba de ninguna manera, yo no tenía que leer aquellas opiniones que ni compartía ni me interesaban. Pero estando en eso, durante la infausta presidencia de ZP, surgió el 15M, las desgracias nunca vienen solas. A partir de ahí todo cambió. Si aquello se hubiese disuelto como un azucarillo no hubiera pasado nada, pero no fue así. La izquierda se fracturó y surgió Podemos. Este blog nació por ellos. Sin ellos no me hubiera metido a escribir de asuntos que nunca han formado parte de mi negociado. Cuando en 2015 tras las elecciones autonómicas y municipales empezaron a tener una presencia considerable, empecé a preocuparme. Y muchas de sus acciones posteriores me dieron la razón, a mi pesar. El clima político no me agradaba en exceso. Valoré seriamente irme de España. Vínculos afectivos me sugirieron que esperara a las elecciones generales. Afortunadamente pincharon y dividieron a la izquierda. No hay mal que por bien no venga, pensé entonces. Tras la involuntaria segunda vuelta, y viendo que el “problema Podemos” parecía enquistarse, pensé que era momento de tomar partido. Pensé en el famoso fragmento del sermón de Martin Niemöller, tantas veces atribuido erróneamente a Bertold Brecht.
«Cuando los nazis vinieron a buscar a los comunistas, guardé silencio, porque yo no era comunista. Cuando encarcelaron a los socialdemócratas, guardé silencio, porque yo no era socialdemócrata. Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas, no protesté, porque yo no era sindicalista. Cuando vinieron a buscar a los judíos, no pronuncié palabra, porque yo no era judío. Cuando finalmente vinieron a buscarme a mí, no había nadie más que pudiera protestar.» 

La izquierda maquis y los insultos.


“A menudo digo que hay tres preguntas que podrían destruir la mayor parte de los argumentos de la izquierda. La primera es: ¿comparado con qué? La segunda: ¿a qué coste? Y la tercera: ¿qué evidencia tienes? Hay muy pocas ideas de la izquierda que puedan responder a todo.”[1] Thomas Sowell.

El lunes siguiente de publicar el díptico de los autobuses, una amiga de izquierdas (disculpen el pleonasmo[2]) me reconvino por algunas cuestiones que trato en estos artículos. Ella sí cree en el derecho de Podemos a hacer ese autobús. Mi amiga pensaba que lo que dice y muestra ese autobús es parte de la libertad de expresión. Y que con ello insinuaban, pero que no decían nada directamente. En esta cuestión mi afecto hacia ella es directamente proporcional a lo en desacuerdo que estoy con ella.
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En junio de 2016, el periodista Alfonso Rojo López fue condenado con una multa de 20.000€ por haber insultado al por entonces candidato a eurodiputado Pablo Manuel Iglesias Turrión en un par de debates televisivos y desde su cuenta de Twitter. La Audiencia Provincial de Madrid entendió que Rojo había cometido una intromisión ilegítima en el honor de Iglesias al utilizar expresiones vejatorias sin pruebas, de modo que sobrepasó el derecho a la libertad de expresión en el que se amparaba: "no existe el derecho al insulto", exponía la resolución.




La sentencia era clara y considero que justa. No puede prevalecer la libertad de expresión cuando se trata de expresiones claramente ofensivas, insultos y vejaciones. Otras sentencias similares han aparecido con conclusiones coincidentes. Entonces ¿qué pasa ahora? ¿Existe acaso una diferente vara de medir? ¿Lo de “chorizo, mangante y gilipollas” es peor que acusar a unas personas no están encausadas de mafia que dirige una trama corrupta para mantenerse en el poder? Pues casi me parecen más inofensivos e ingenuos los primeros adjetivos. Otra cuestión es que la denuncia sea una potestad de parte en la que yo no voy a intervenir. No conozco a los afectados, y de hecho algunas de esas personas no me caen especialmente bien, pero si cada uno de ellos quisieran denunciar esto no le podemos negar el derecho que como a todo ciudadano les asiste. Porque hasta a los ya condenados se les está atribuyendo un nuevo delito, y se les está sometiendo a un escarnio público que el algo que como pena no está contemplado en nuestro ordenamiento jurídico. Aunque en Irán, país con el que Podemos o alguno de sus miembros parece que sí han tenido algún trato comercial, sí existen los latigazos en público e incluso la lapidación. Quizás sea esto un camino de inicio. Esperemos que no.
Por otro lado es curiosa, por llamarla de alguna manera, la figura jurídica que Iglesias inventa para justificar la aparición de personas sin proceso legal abierto con otras investigadas o condenadas, y es la de “corrupción legal”. ¿Y eso qué es? Vamos a ver si podemos entenderlo con el caso de Monedero, más complejo que el suyo con aquella factura de las Granadinas que encontró Okdiario.
Juan Carlos Monedero parece ser que facturó unos trabajos por consultoría política que no declaró en su momento. ¿Por qué ese olvido? ¿Por qué ese retraso[3]? Además dicen que utilizó una sociedad pantalla para eludir la tributación. Y sacó esos fondos de una manera que no es como está establecida. Descapitalizó la sociedad sin tributar por ello. No sé yo casi nada de fiscalidad, pero ¿no habrán sido todos estos movimientos de Monedero algo parecido a un “fraude legal”? Sólo pregunto. En esta web, que creo que saben mucho más que yo, van un poco más lejos. Y si es así parece que en Podemos dan lecciones sin aplicárselas.

¿Por qué se retrasó tanto en presentar su declaración y después en mostrar la factura? ¿Y por qué no coincidían las cantidades?


Para mí es difícil encontrar la parte realmente racional del pensamiento podemita. Pueden decir que se trata de un problema mío, pero en general sus propuestas me parecen más apuestas emocionales que racionales. Y lo peor es que allí donde se han puesto en práctica nunca han funcionado. ¿Creen de verdad que esta vez va a ser la buena? Sólo le puedo dar explicación si lo veo como un hecho estrictamente religioso. El marxismo como religión humana. Aunque no voy a reducir a este dominante pensamiento sentimental a una única raíz exclusivamente marxista. Ni siquiera que sea algo heredado de la izquierda que nace con la Revolución Francesa. Creo que viene de mucho más atrás y que está mucho más extendido. Pero no por común es menos peligroso. Y les lleva a mostrar su irracionalidad de forma habitual en sus exabruptos espontáneos. Viven enfadados con el mundo que no se ha postrado ante su revelación. Y en sus invectivas es raro que no traten de rebatir al infiel añadiendo algún adjetivo despectivo innecesario en sus conocidas soluciones simples ante problemas complejos. Twitter es un medio perfecto para ellos. Ciento cuarenta caracteres son suficientes para desarrollar sus argumentos. ¡Y aún les sobra espacio!


Al comenzar esta serie advertía dos principios que sería prudente que acompañasen a la libertad de expresión en nuestras democracias liberales, a los que ahora añado un tercero:
1.      En democracia no deberíamos concebir la vida cívica como un campo de batalla.
2.      La libertad de expresión es un derecho. Anular las divergencias NO lo es.
3.      En democracia NO existe el derecho al insulto.
***
Es simpático ver como cuando aparecen encuestas electorales en las que se sigue confirmando la mayoría proporcional de “los viejos partidos” la izquierda maquis se escandaliza. “¿Pero ¿cómo es posible que exista aún tanta gente que sigue queriendo votar a esos y no se deciden por su redentora apuesta?” Y entonces siempre me acuerdo de un viejo chiste:
Un tipo notablemente ebrio se acerca a una señora muy poco agraciada: “Pero hay que ver qué fea eres”, le dice con su voz espesa, torpe y aguardentosa. La señora, sorprendida por la impertinencia, le increpa muy indignada: “¡Y tú eres un borracho asqueroso!” Y el dipsómano le replica: “Sí, eso es verdad, pero a mí esto se me quita mañana”.
Los viejos partidos, el PP al frente con toda su corrupción, son el borracho asqueroso, sin duda. Pero aquí la cuestión es que a Podemos su fealdad ideológica no se le quitará después de ninguna resaca. Y eso para ellos, y para nosotros, es un problema que no puede arreglar ni el mejor cirujano.



[1] “I’ve often said there are three questions that would destroy most of the arguments on the left. The first is: ‘Compared to what?’ The second is: ‘At what cost?’ And the third is: ‘What hard evidence do you have?’ Now there are very few ideas on the left that can pass all of those…” https://youtu.be/5KHdhrNhh88?t=3m46s
[2] Creo que todas mis amigas lo son. Casualmente con las tres de ellas que no lo eran ya no me hablo.
[3] Retraso que también sufriría la presentación de la factura que finalmente ni siquiera correspondería exactamente a la cantidad declarada. http://www.abc.es/espana/20150220/abci-monedero-explicaciones-201502201128.html