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domingo, 23 de julio de 2017

Implicaciones de la transexualidad y el transgénero en la vida pública. Trans, V.

“—Doctor, necesito hormonas y que me opere.
—¿De qué está usted enfermo?
—Yo no estoy enferma. No me “patologice”.
—Pero es que usted me ha dicho que necesita…
—Está claro que no tiene ni idea de lo que me pasa. Escúcheme bien que YO se lo voy a explicar…”

No busquemos evidencias si ya tenemos el transplaining.
Ya hemos visto que la cuestión transgénero no es algo simple, ya que tiene múltiples implicaciones que hacen que el fenómeno vaya más allá que las que pueda tener una simple tendencia sexual no heteronormativa. Pero por otro lado no podemos negar que se encuentra en ese grupo de personas que han sufrido y sufren discriminación[1]. Esto es un hecho. Como también lo es que desde finales de los años sesenta esta discriminación en Occidente ha sido progresivamente reducida con notables éxitos. Y esto ha hecho que el colectivo se haya ido ampliando en sucesivas olas.
Hay dos puntos que unen a estas personas: vivir una sexualidad fuera de la norma y estar marginados por ello. Pero estos dos puntos encierran una gran diversidad en sus diferentes manifestaciones. No es lo mismo limitar tu diferencia a un deseo emocional, a que ese deseo te lleve a realizar transformaciones irreversibles en tu cuerpo. El sexo homosexual o el travestismo pueden ser fluidos y cambiantes, pero provocar una castración o una histerectomía son acciones que no tienen vuelta atrás, no somos figuritas de Lego. Y tampoco es lo mismo tener relaciones sexuales no heteronormativas que pedir dinero público para adaptar tu cuerpo a tus deseos, o exigir a la Administración que se creen ficciones jurídicas en las inscripciones del registro civil para figurar legalmente a tu gusto.
De la misma forma que es injusto que se legisle sobre lo que puedan hacer personas adultas de forma razonable y de mutuo acuerdo en su intimidad, tampoco se debe decidir por deseo de la mayoría lo que la ciencia pueda o no pueda investigar, ni forzar las conclusiones científicas en asuntos en los que no hay consenso por la presión de un grupo ideológico, eso es irracional. Porque como dice el profesor Jesús G. Maestro: “La razón no puede reducirse ni a lo que piense un individuo, porque la razón no es autológica ni yoísta, ni a lo que piense un gremio o un grupo, por fuerte o intimidatorio que sea, porque la razón no depende del nosotros, no cabe en el nosotros. La razón rebasa las posibilidades del yo y las posibilidades del nosotros, está por encima del individuo y del grupo.” Y el entorno LGTBIQ, acogiéndose a esta discriminación, ha estado forzando la razón desde que la Asociación Americana de Psiquiatría en su reunión del 15 de diciembre de 1973 retirara la homosexualidad del Manual de Diagnóstico y Estadística de los trastornos mentales (DSM) por un estrecho margen de votos.
El poder de este lobby ha hecho que actualmente existan leyes que pretende extenderse por todo Occidente que cometen ese lamentable error. Se está legislando basándose en creencias o ideologías sin fundamento científico. Vivimos en pleno síndrome de Galileo.
Eppur si muove…

Los estudios de género como (de)construcción social.
Con los conocimientos que disponemos hasta ahora, hay que tener en cuenta que estamos hablando de personas que tienen una percepción subjetiva de pertenencia a otro sexo. No podemos negar que si esto les produce sufrimiento no se trata de una cuestión baladí, pero no por ello deja de ser una simple percepción subjetiva.
Por otro lado, si hay sufrimiento o malestar en las personas que viven esta percepción ya hay algo que sí podría ser del ámbito médico o psicológico. Porque una de las incongruencias que se produce en la cuestión trans es no querer aceptar el trastorno como tal, sino que tratan de normalizarlo como un hecho más de lo que constituye nuestra probable idiosincrasia. Porque lo cierto es que las características habituales no perturban normalmente a las personas ni precisan de una readaptación quirúrgica ni hormonal. También es cierto que hay cuestiones que nos pueden perturbar sin ser cuestión de vida o muerte. Como tener alopecia o un vientre muy abultado, pero ni los implantes de pelo ni las liposucciones las cubre la Seguridad Social. Existen otras más importantes, como tener falta de vista o estar sin dientes. Y ni las gafas ni las prótesis dentales se cubren con dinero público. ¿Por qué va a cubrir la Seguridad Social algo que los que lo viven no lo consideran una patología o un trastorno? Y es absurdo que por ley ellos puedan informar que poseen esta característica, pero no se les pueda decir que se trata de un trastorno. O dicho de otra manera, si alguien sienten un malestar con el sexo con el que ha nacido tendrá que aceptar que tiene un problema, que podemos llamar disforia de género, trastorno de la identidad sexual o incongruencia de género, da igual el nombre. Pero ahí hay algo que no funciona.

La dictadura de la imagen: ¿Se reasigna el sexo o tan sólo su apariencia?
Uno de los tópicos contemporáneos es denunciar que vivimos en una sociedad de apariencias, y en ese sentido una parte importante del fenómeno trans es eso: apariencia. Porque por mucho que no guste hay que entender y asumir que por ahora no es posible cambiar el sexo de una persona, salvo en su imagen externa. Los procesos de reasignación sexual sólo inciden en la apariencia del sujeto, su realidad cromosómica seguirá siendo la que se le asignó en su gestación. Eso, actualmente, no es modificable. Por mucho que se diga: la reasignación de sexo no es posible. La ciencia no lo ha conseguido. No podemos descartar que la ingeniería genética pueda lograr algún día el cambio, pero actualmente esto aún no es posible. Por ahora se trata tan sólo de crear una imagen de mujer o de hombre, una ilusión. Hacer que las personas vivan en una fantasía. Sentir no es ser, pero si les vale…
No voy a extenderme en el aspecto legal del asunto, de las ficciones jurídicas que esto implica. Ni siquiera en el problema que se crea en las pruebas deportivas. ¿Acaso habrá que crear nuevas categorías olímpicas para no ser injusto con las personas por su sexo “nativo”?

¿Tiene el viento la respuesta?
Actualmente el cerebro humano es como el Manuscrito Voynich. Podemos imaginar de qué va cada parte por los dibujitos, pero como no estamos muy seguro de lo que realmente dice aún tenemos que movernos entre conjeturas y probabilidades.
Las causas podrán ser biológicas, psicológicas o sociológicas, incluso una compleja mezcla de todas, pero lo cierto es que no se sabe a ciencia cierta. Por lo tanto, si no existe el acuerdo no podemos descartar ninguna de sus hipótesis. Al menos no debería existir una superioridad moral de ninguna sobre las otras. Se puede opinar sobre ello, o incluso argumentar apoyándose en alguna de sus teorías, pero lo que no podemos hacer es sentar cátedra afirmando que tenemos detrás un consenso global, porque simplemente no existe.
Y en toda esta maraña de datos tenemos claras muy pocas cosas:
1.     En el ser humano sólo hay dos sexos: masculino y femenino. La cuestión del intersexo (que espero tratar en otra ocasión) se trata de una serie de errores genéticos que no crean un tercer sexo definido.
2.     La identidad de género a veces varía, eso no lo pongo en duda, pero no sabemos con total certeza por qué motivo. A mi juicio hay más evidencias fisiológicas (variaciones hormonales y genéticas) que sociales o culturales, pero aceptar esto supondría un inconveniente para cierto feminismo, ya que implicaría que ciertos roles tienen una base que explicaría la biología evolutiva, cosa que chocaría con sus intereses ideológicos.
3.     La orientación sexual también podría tener una etiología múltiple. Algunos estudios indican que quizás en este caso no sólo son cuestiones sociales, culturales y educacionales, sino que también determinadas experiencias vitales pueden influir. Pero ya esto sería objeto de otro artículo.
4.     Por último, a través de la pasión etiquetadora de los estudios de género, ha aparecido una nueva vía, la expresión de género, para indicar las maneras en la estéticamente uno se presenta ante la sociedad (maneras masculinas, femeninas o andróginas) y esto sí, definitivamente es una estricta cuestión cultural, e incluso, en algunos casos, una pura pose.

Después de todo este tiempo considero que la polémica que generó la entrevista parte de una falsedad en su origen, voy a creer que por ingenuidad, y es la de considerar que el asunto de la transexualidad es “así de sencillo”. Esto no lo es de ninguna manera. Está tan alejado de ser algo sencillo que no ha podido poner en acuerdo a la comunidad científica en un siglo y medio.
Para finalizar voy a tomar como referencia dos de las posturas más claramente enfrentadas que existen actualmente: Paul R. McHugh y Judith Butler. Sus frases, por orden de aparición, pueden dejar bien claras las dos principales posturas (no únicas) que existen actualmente en relación a este asunto:

Judith Butler: “El género es una construcción independiente del sexo, un artificio libre de ataduras. Hombre y masculino podrían significar tanto un cuerpo femenino como uno masculino; mujer y femenino, podría ser tanto un cuerpo masculino como uno femenino.”[2]

Paul R. McHugh: “Uno podría esperar que aquellos que afirman que la identidad sexual no tiene base biológica o física traerían más evidencias que fueran convincentes. Pero como he aprendido, hay un profundo prejuicio en favor de la idea de que la naturaleza es totalmente maleable.”[3]



Epílogo.
Casualmente cuando me dispongo a publicar estos artículos aparece la sentencia del recurso de apelación[4] presentado por HazteOir.org por la retirada cautelar del autobús que inició toda esta polémica. Y creo que nos deja al menos un par de perlas relacionadas con lo que cuento aquí con las que quiero dar finalizado, por ahora, esta serie.
 “Admitir la persecución de ideas que molestan a algunos o bastantes, no es democrático, supone apoyar una visión sesgada del poder político como instrumento para imponer una filosofía que tiende a sustituir la antigua teocracia por una nueva ideocracia .”
            “Por último, no deja de llamar la atención que el denominado  “Tramabús” , autobús fletado por el partido político ”Podemos”, hace unos meses,  que circuló durante un tiempo y tuvo amplia cobertura informativa , llevaba , además  de leyendas sobre la corrupción, las figuras perfectamente  identificables, de políticos y algún periodista , que con independencia del juicio que cada uno pueda tener de ellos, tienen derecho a ver respetada su dignidad y presunción de   inocencia, y sin embargo ninguna autoridad impidió su circulación.”
En este caso parece que se ha hecho justicia, pero esto no ha hecho nada más que empezar.




[1] Los posibles motivos podrían ser interesantes para otra serie de artículos, pero lo importante ahora sólo es constatar el hecho.
[2] Judith Butler, Gender Trouble,Feminism and the Subersion of Identity, New York, Routledge, 1990, p. 6.
[3] https://www.firstthings.com/article/2004/11/surgical-sex
[4] Recurso de Apelación 921/2017. Origen: Juzgado de Instrucción N.º 03 de Madrid. Diligencias previas 450/2017

sábado, 22 de julio de 2017

“Breve compilación de teorías y definiciones del fenómeno trans desde la perspectiva eurocentrista”: Trans, I.

“—El niño que nace con pene es varón, y así queda registrado en el Registro Civil.
—¡Que no, que no, señor Arsuaga! Es una pena que no tengamos un biólogo con nosotros. La biología, lo hemos comprobado los científicos (sic), lo niega. El género está en el cerebro, no en los genitales. ¡Puede haber niños con vulva!”
Transcripción de un fragmento de la entrevista en La Sexta Noche del periodista Iñaki López a Ignacio Arsuarga, presidente de HazteOir.org el 11 de marzo de 2017.

Decía en el primer artículo de esta serie[1] que en la noche del 11 de marzo de 2017 me disponía a ver una película en televisión. Pero por casualidad, zapeando antes de entrar en mi plataforma de streaming, vi que iban a entrevistar al responsable principal del autobús de la polémica. Sentí que me decían ven… y lo dejé todo.
No me lo esperaba. Aquello no fue nada neutral. El presentador iba a degüello contra el invitado. La actitud de Iñaki López hacia Ignacio Arsuaga me recordó más una sesión de tercer grado que a otra cosa. El periodista ya tenía la sentencia, sólo quería que el acusado le confirmara la confesión. Iñaki López hacía preguntas sin necesitar las respuestas, porque él ya poseía la verdad del asunto. Parecía querer sólo reafirmarse por encima de lo que él creía que eran inconsistencias escandalosas de su supuesto entrevistado. Y todo aquello generó mi curiosidad. De hecho hubo varias frases del periodista que me llamaron especialmente la atención: "Usted lo que pide es que los profesores eduquen a sus hijos en base a hechos ideológicos que ustedes se han inventado y que no existen". Y “la ideología de género es ciencia”. Ambos presentaban realidades opuestas y parecían convencidos de ello. ¿Lo de Arsuaga era una mera creencia como sugería Iñaki López? ¿Era ciencia contrastada lo que afirmaba el periodista? ¿O realmente era una ideología interesada como rebatían los de HazteOir? ¿Qué era creencia? ¿Qué era ideología? ¿Y qué era ciencia?
Tuviera o no tuviera razón, no me gustó nada el trato de superioridad moral del periodista al entrevistado. Me recordaba la actitud de los abusadores. Sé lo que es sufrir el bullying. Y a Arsuaga desde ese momento se le sometió a un maltrato persistente y obstinado. Incluso unas semanas después se le llegó a hackear su ordenador por parte de unos ciberdelincuentes. Y todo por sólo decir lo que pensaba. ¿Es que acaso no hay libertad de pensamiento? Aunque sólo sea una creencia infundada. ¿Es que no tenía derecho a expresarla? ¿Y si lo de Iñaki López fuera también sólo una creencia? De todas formas sigo manteniendo lo que llevo repitiendo desde hace meses:
NO existe el derecho a anular las divergencias.
En cualquier caso, es cierto que yo no había leído nada respecto al asunto de la transexualidad o del transgénero. Ni siquiera conocía profundamente a nadie que lo fuera. Si quería hacerme una idea tendría que informarme por mi cuenta. En este debate los dos pensaban que era el otro el que se equivocaba. Y yo no creía ni una ni otra cosa, porque la verdad es que era un asunto que ignoraba por completo. Así que sentí que tenía la obligación de aclararlo. Y eso empecé a hacer. Quería saber qué se había investigado sobre transexualidad y transgénero en estos años. Y confirmar si ya existían esos datos concluyentes que el periodista afirmaba con tanta vehemencia y rotundidad, o no. Y con eso me puse.
Nunca pensé que me iba a llevar tanto tiempo.

En el principio ya era la Palabra…
“¡Intelijencia, dame
el nombre exacto de las cosas!”[2]
Eternidades, 1918. Juan Ramón Jiménez.

En 1868 un escritor húngaro, Karl-Maria Kertbeny[3], inventa con acierto la palabra homosexualidad, orientación sexual que él considera que se trata de una condición innata e inmutable. No aporta evidencia científica alguna de por qué piensa que esto es así, pero al menos contribuye con una palabra para poder nombrar al fenómeno, lo que no es poco. Aunque no está vinculado estrictamente al fenómeno del transgénero, comienzo la disertación con este protoactivista porque inaugura algo que es importante en todo el entorno LGTB[4][5], que es la tendencia a nominar adoctrinando, que ha sido muy útil a su causa, ya que con ello siempre te pueden remitir a informarte a sus propias fuentes. Crean el concepto y le dan autoridad en un mismo acto. Eso sí, con una prevalencia de lo emocional sobre lo racional. Las pruebas científicas son secundarias a lo que se siente, que es lo que para ellos importa. Y también me parece significativo mencionarlo porque es de justicia reconocer que fueron los homosexuales masculinos los que estuvieron desde el principio en la vanguardia de la defensa de todas las sexualidades alternativas a la… heteronormativa (usemos su lenguaje).
***
Todo análisis de la realidad dependerá de la posición desde que la observemos y de los datos que esa situación nos ofrezca. Si miramos un dado de forma totalmente perpendicular podríamos decir que es un cuadrado blanco con un punto en el medio. Otra persona, situada en un ángulo opuesto dirá que no, que tiene seis puntos. Incluso, si lo mira de cerca, dirá que no es exactamente cuadrado, ya que tiene las esquinas redondeadas. Pero si hay alguien que los mira sobrevolando dirá que ambos se equivocan, porque lo que están mirando es un cubo con diferentes puntos en cada lado.
La sexualidad, como todo hecho de la vida humana, tiene unos componentes que son universales, forman parte de nuestra evolución como especie, y son comunes en su lado más básico incluso con otros animales. Y por otro lado tenemos otras expresiones locales, más complejas, que se van conformando a través de generaciones en los diferentes grupos humanos. Estos son los aspectos folclóricos de la sexualidad que representan los usos y las costumbres tribales.
Relacionado con el asunto de la transexualidad tenemos en el mundo y a lo largo de la historia muchas manifestaciones locales que expresan esta cuestión. Así tenemos hijras en la India, kathoeys en Tailandia, berdaches en América del Norte, muxes zapotecas, fa'afafines en Samoa, māhūs en Hawái, vírgenes juramentadas en los Balcanes…
El presente artículo no pretende hacer un estudio antropológico de estas realidades periféricas, sino un repaso historicista de la transexualidad y del transgénero desde las corrientes principales de la cultura europea, y de lo que posteriormente se irradia de esto hacia todo Occidente. Y, en especial, a la lucha por controlar el lenguaje y sus significados en la lucha de poder que este hecho ha generado.
El mundo actual ha favorecido que todos los puntos de vista sobre todas las realidades puedan comunicarse y desdecirse en tiempo real. Y lo malo es que esto se produce en unos tiempos en los que el exceso de información está llevando a la mayor parte de las personas a tener unas nociones extensas de lo que pasa, pero de forma superficial. Se sobrevuela sobre la realidad como el que recorre el mundo desde Google Earth. Se ve todo de forma general, pero sin profundizar en los detalles. La enseñanza y la profesionalización, además, hace que las personas de los países más industrializados se especialicen, haciendo que su conocimiento quede cada vez más reducido a una pequeña parcela. La ignorancia global crece. De ahí el éxito de las ideologías como nuevas religiones, ya que permiten tener respuestas ya pensadas por otros a cuestiones sobre las que no hemos tenido tiempo ni ganas de reflexionar.

***

¿Qué hace una chica como tú en un cuerpo como ese?[6]: Creencias, sentimientos, opiniones y argumentos.
“Lo más terrible de este mundo es que todos tiene sus razones.” La regla del juego, Jean Renoir.

Nota: Como sé que en estos tiempos de Twitter de respuestas sencillas antes problemas complejos es muy difícil que nadie te lea mucho más allá de un folio, lo que viene a partir de ahora te lo puedes saltar, si tienes pereza lectora, y retomar el texto cuando ponga en negrita y en mayúscula “POPULIST MODE ON”. Porque a partir de ahora comienza el…

GAFAPASTA/NERD MODE ON.

Karl-Maria Kertbeny, Karl-Heinrich Ulrichs y Magnus Hirschfeld: tres pioneros. 
***
Voy a tratar de atenerme a los hechos. Las conclusiones que pueda tener las voy a diferenciar con claridad. Pero lo principal será que puedas disponer de una escueta relación de las principales líneas de investigación que se han dado a conocer sobre el asunto del transgénero, y puedas seguir la investigación por tu cuenta. Y digo escueta porque este asunto es muy extenso y complejo.  Daría para un grueso volumen, incluso más. Así que estos apuntes tratan tan sólo de sobrevolar la punta del iceberg, porque por mucho que lo resuma y simplifique, como decía André Bazin, no voy a tener tiempo de ser breve:
El presente artículo tratará de forma preferente la cuestión transgénero. No sobre homosexualidad (aunque aparezca en varios momentos, por la indefinición inicial del fenómeno) ni sobre intersexo (aunque hay quien considere el transgénero una sutil variante cerebral del intersexo). Este último asunto sí lo trataré posteriormente ya que una supuesta bióloga ha intervenido en este debate aludiendo a ello, pero realmente introducirlo distorsiona el tema central. Si entendemos como transgénero a aquellas personas que sostienen que se sienten (incluso que son) de un sexo diferente al que les ha correspondido de forma cromosómica sin ninguna clase de síndrome que lo perturbe.
Los primeros acercamientos científicos a los trastornos de identidad sexual aparecen en la Europa occidental a mediados del siglo XIX, siempre asociados a la psiquiatría[7].
En 1870, Karl-Heinrich Ulrichs, formado en derecho y teología, recopila y publica Estudios sobre el misterio del amor masculino[8]. Y con ello se convierte en el primer activista de los derechos de los homosexuales con cierta proyección. Ulrichs se definía a sí mismo como uranista (lo que posteriormente se llamaría trangénero). Fue el que popularizó la célebre expresión anima muliebris virili corpore inclusa (alma de mujer encerrada en un cuerpo de hombre). Ulrichs es el padre del discurso en defensa del entorno homosexual y de definir todas sus variantes. Y también sin apoyarse en ninguna clase de evidencia científica, como ya lo hiciera Kertbeny, sostiene la idea de que esta tendencia era un hecho natural y biológico.
El primer médico de renombre que defendió positivamente la transexualidad (y la homosexualidad en general) con repercusión internacional, y que además era partidario de intentar una reasignación de sexo para estas personas, fue Magnus Hirschfeld, aunque con resultados poco prometedores[9]. Hirschfeld, que también era homosexual, atribuía su origen a una cuestión hormonal. Una de sus grandes aportaciones fue escribir en 1910 el primer libro sobre lo que él llamaría “travestismo”[10], y que finalmente fijaría el término. En cualquier caso, no podemos negar que Hirschfeld fue un pionero en muchas cuestiones: creó la primera asociación defensora de los derechos de los homosexuales; cofundó la primera organización sexológica; publicó la primera revista de sexología (en la que llegaría a colaborar Sigmund Freud); creó el primer Instituto de sexología y el primer museo; organizó el primer congreso sexológico internacional y es uno de los fundadores de la Liga Mundial por la Reforma Sexual en 1920. Se trata del primer gran científico estudioso en exclusiva de la sexología y uno de sus grandes difusores internacionales. Por todo esto podríamos decir que Magnus Hirschfeld es el padre de la Sexología científica. Aunque tampoco pudo probar nada.

Ella fue la primera…
Hasta este momento, como hemos visto, las referencias al fenómeno transexual[11] habían llegado desde el entorno homosexual y masculino. Tanto como concepto, como por la procedencia de sus investigadores más preeminentes. Los acontecimientos que provocaron la Segunda Guerra Mundial, el auge de los totalitarismos, crearon un paréntesis de silencio durante años sobre estos asuntos. Hasta que en 1949 la publicación del libro El segundo sexo de Simone de Beauvoir supone un pequeño terremoto social en las naciones occidentales en aquellos años de posguerra. El libro plantea abiertamente por primera vez la cuestión del sexo como construcción social. En el capítulo primero de la cuarta parte escribe una frase que será esencial para entender muchos movimientos posteriores: "On ne naît pas femme: on le deviant.”[12]:
«No se nace mujer: llega una a serlo. Ningún destino biológico, físico o económico define la figura que reviste en el seno de la sociedad la hembra humana; la civilización en conjunto es quien elabora ese producto intermedio entre el macho y el castrado al que se califica como femenino.»[13]
Aunque el libro trata esencialmente sobre la cuestión femenina (o realmente sobre si es real que eso exista), también toca tangencialmente el asunto de lo que ella llama el “tercer sexo” (ya que no los considera ni hombres ni mujeres, sino otra cosa). Beauvoir cree que puede tratarse de una cuestión hormonal, aunque reconociendo que en ese momento aún no se disponían de evidencias científicas para poderlo afirmar con rotundidad:
“En la Humanidad, como en la mayor parte de las especies, nacen aproximadamente tantos individuos de uno como de otro sexo (100 niñas por 104 niños); la evolución de los embriones es análoga; sin embargo, el epitelio primitivo permanece neutro durante más tiempo en el feto hembra; de ello resulta que está sometido más tiempo a la influencia del medio hormonal y que su desarrollo se encuentra invertido con mayor frecuencia; la mayoría de los hermafroditas serían sujetos genotípicamente femeninos que se habrían masculinizado ulteriormente: diríase que el organismo macho se define de repente como macho, en tanto que el embrión hembra vacila en aceptar su feminidad; empero, estos primeros balbuceos de la vida fetal son todavía muy poco conocidos para poder atribuirles un sentido.”[14]

Recapitulando.
La definición del hecho transexual en Occidente ha sido un proceso lento, y fue en un inicio de la mano de la homosexualidad masculina.
En esta primera fase, de mediados del siglo XIX a mediados del XX, vemos dos puntos de vista ya diferenciados:
Por un lado, la corriente principal, están los que mantienen que la orientación sexual es una cuestión genética u hormonal con la que ya nacemos. Eso sí, no aportan evidencias científicas concretas.
Y, por otro lado, con Simone de Beauvoir aparece el primer añadido importante. No niega una posible alteración genética en el caso de los llamados por entonces hermafroditas (mujer en cuerpo de hombre). Pero propone por primera vez una supuesta superioridad de la influencia ambiental por encima de la hormonal o genética en las diferencias de los roles masculinos y femeninos. Y esto tendrá un peso esencial en todo lo que vendrá después, tanto para el feminismo de la segunda ola, al que se anticipó, como para al de la tercera, con el que aún con críticas comparte todavía algunos aspectos de su visión. Y con esto la polémica que surge con respecto al transgénero es si se nace o se hace. ¿Es razonable que el transexual nazca con su género marcado en el cerebro, aunque sea diferente a su sexo biológico, y sin embargo en la mujer, que sí concuerda su sexo con su género, tenga que construirse?
De esto, y muchas otras cosas más, seguiré hablando en los próximos artículos.



[2] Lo de la jota en inteligencia no es una errata, como ya sabrás si conoces algo de las peculiaridades ortográficas de Juan Ramón Jiménez.
[3] Karl Maria Kertbeny, Schriften zur Homosexualitätsforschung, 1869. Aunque el término y lo utiliza un año antes en una carta privada en la que también aparece por vez primera el término heterosexual.
[4] “Entorno LGTB”, perífrasis que ya entendemos de forma global y aceptamos como algo que existe y acotamos. Otra aportación lingüística de la comunidad.
[5] LGTB, LGBT, GLBT, LGBTQ, LGBTI, LGTB+, LGBTQIA… Y muchas más variantes. En esto sí que no han logrado ponerse de acuerdo.
[6] O chico, no añadamos más arrobas al peso del espídico péndulo de esta historia.
[7] Curiosamente ni Wilhem Wundt, padre de la psicología científica, ni Sigmund Freud, padre del psicoanálisis, trataron este asunto de forma específica.
[8] Karl-Heinrich Ulrichs . Forschungen über das Räthsel der mannmännlichen Liebe, 1870.
[9] Fue responsable de las sucesivas operaciones de la famosa transexual Lili Elbe que acabarían con fatales consecuencias.
[10] Hirschfeld, Magnus (1910). Die Transvestiten. Berlín: Pulvermacher.
[11] Aún no había aparecido la idea de género.
[12] Dos traducciones propuestas: "No se nace mujer: llega una a serlo". O bien: “La mujer no nace, se hace.”
[13] Simone de Beauvoir. El segundo sexo. Siglo Veinte, Buenos Aires, 1969. Traducción de Pablo Palant. P.109
[14] Ibíd, p.13.

lunes, 22 de mayo de 2017

Más sobre el “derecho” al insulto: la izquierda iluminada.

“El pensamiento de izquierdas no es el pensamiento único, es el único pensamiento.” Javier Sardà, periodista.

Voy a seguir disfrutando de la libertad que proporciona mi irrelevancia para seguir saltándome el programa que me había marcado.
Siempre me ha llamado la atención que la Ilustración en manos de las masas degenerara en los horrores de la Revolución Francesa. Y es que hay saltos evolutivos que son insalvables. Los perros nacen de la domesticación de los lobos, pero tratar que un lobo adulto se comporte como un perro en un corto periodo de tiempo puede ser peligroso o imposible. La evolución existe, pero las revoluciones son sinónimo de desastre.
El anticlericalismo que trae la Ilustración, y que después refuerza el marxismo, no es una construcción nihilista. La izquierda no trata de destruir las creencias, sino tan sólo de sustituirlas. Por eso no es tan importante que sus seguidores menos cultivados no entiendan realmente los conceptos, ya que es suficiente que tan sólo crean en ellos. Por eso cuando alguien cuestiona esos dogmas, y se ven sin argumentos para defenderlos, lo primero que surge es la falacia ad hominem. Es decir: tú no lo entiendes porque no tienes capacidad para ello, o es que no estás informado, o es que estás manipulado, o eres un vendido, o simplemente es que no quieres entenderlo. Si te opones públicamente a los supuestos argumentos de la izquierda, cosa que sólo puede ocurrir por ignorancia o perversa maldad según ellos, siempre habrá una turba airada e intolerante que considerará que eres una persona muy poco digna de respeto y consideración, por lo que te mereces todos los insultos, las burlas y los escarnios posibles. Ya que te han dado la oportunidad de contemplar la verdad revelada ante tus ojos, y estás cometiendo el sacrilegio de despreciarla. La opción que queda totalmente descartada es que ese pensamiento de izquierdas sea en realidad una pamplina sin ningún fundamento. La izquierda radical es el nuevo opio del pueblo.



Reflexionando sobre todo esto veo que existen indicios sobre que este bullying ideológico, que me mantuvo en un armario forzado durante años, no se fundamenta tanto en esa supuesta reiterada superioridad moral de la izquierda. Pienso que la cuestión está más bien relacionada con un complejo de superioridad intelectual, debido precisamente a la poca solidez real de sus argumentos. Pero sobre todo esto escribiré en profundidad más adelante. Al menos con toda la profundidad de la que es capaz un intruso profesional.
Antes de entrar en el nudo central de esta serie de artículos sobre la libertad de expresión, sólo quiero recordar una vez más los tres principios que he ido perfilando en relación a esto:

1.     Tratar de anular las divergencias no es parte de la libertad de expresión, sino de todo lo contrario.
2.     El respeto es parte de la libertad de expresión: la vida cívica no debe plantearse como un campo de batalla.
3.     NO existe el derecho al insulto.





Ahora me tomaré un pequeño periodo de descanso. Pero pronto volveré con el artículo más largo y documentado de todos cuanto he escrito, el que origina esta serie, que tratará de responder de la forma más neutral posible la cuestión que planteaba el periodista Iñaki López en relación al autobús de HazteOír, durante la agria entrevista a Ignacio Arsuaga, con la pregunta: ¿Qué nos dice realmente la ciencia sobre el transgénero?



domingo, 14 de mayo de 2017

Apostillas al díptico de la guerra de los autobuses: el “derecho” al insulto, las etiquetas y la utilidad de protegerse en un armario. (Hoy más biográfico que nunca.) – Libertad de expresión, 4ª parte.

No voy a dejar que la actualidad se imponga a mis intenciones, ni aunque sea para darme la razón. Porque es cierto que podría comentar la desafortunada proposición de ley de Podemos (según ellos como intermediarios) contra la discriminación LGTBIQ+++ (y todo lo que quieran poner). El asunto toca de pleno lo que estoy tratando en mi serie sobre la libertad de expresión, ya que nació a partir del autobús de HazteOír. Me sobrarían los motivos para atacar a mis bestias negras podemitas. Pero no. En este caso sería injusto. Hoy (y sólo hoy) estos hijoputas[1] son mis hijoputas. Porque sería una hipocresía no haber empezado la guerra con las leyes, casi miméticas, que ya aprobó antes el PP en Extremadura en 2015 o en Madrid en 2016. Así que será otro día cuando hable de todo esto. Sólo te dejo un apunte: te animo a que leas o releas el libro V de La República de Platón, cuando pone en boca de Sócrates la diferencia entre opinión y conocimiento. Porque yo creo que por ahí palpitan muchos de los problemas que tenemos actualmente. Pero hoy sigo con lo mío.
***
Ahora lo contracultural es no ser de izquierdas.

"Para que triunfe el mal, basta con que los hombres de bien no hagan nada." Edmund Burke.
 Aunque se preste al chiste fácil, confieso que yo durante muchos años he sido un idiota en una de sus antiguos significados etimológicos[2]. Yo podía tener algunas inevitables opiniones, supongo que más emocionales que razonadas, pero no las exponía en público. Pero lo que siempre me llamaba la atención era la seguridad con la que las personas de izquierdas proclamaban en cualquier parte las suyas, dando por sentado que los demás presentes las compartiríamos. Y la verdad es que en mi caso casi nunca ha sido así.
He sido niño de la Transición, abrí mi mente a la política durante el “reinado” de Felipe González, y después, durante muchos años, me dediqué al arte. Así que he estado casi toda mi vida bajo un establishment que se autodenominaba progresista. Tanto ha sido así que para mí lo contracultural siempre ha sido no ser de izquierdas. De niño no tuve tan poco dinero como para envidiar al que lo tenía, y de adulto nunca he tenido tanto como para tener mala conciencia por ello. Y siempre he pensado que, aunque bienintencionadas, la mayor parte de las propuestas de la izquierda, por su poca solidez, acaban causando más problemas que ofreciendo soluciones. Así que nunca me ha dado por hacerme o sentirme socialista ni ninguna de esas cosas.
El bendito azar, más importante en nuestras vidas de lo que creemos, hizo que la primera vez que oí a alguien explicar por qué él era de izquierdas sería en una de esas tertulias políticas de la época, tal vez en La clave o alguna así. El tipo explicaba que si se iba a comprar unos zapatos esperaba que algo que él llamaba el Estado le iba a proteger de que estuviesen bien fabricados, siguiendo unas normativas preestablecidas. Mi yo niño, como descendiente de comerciantes que se remontan a los Reyes Católicos, se sorprendió de aquello porque le resultó una memez. Si aquel señor con bigote quería unos zapatos de calidad, pensaba yo, tendría que buscar un buen fabricante de calzados. ¿Por qué tendría que intervenir eso que él llamaba Estado en esa transacción privada? Pese a esto, no estoy describiendo la infancia de un monstruito liberal strictu sensu. Mi educación cristiana, bajo diferentes carismas, me lo hubiera impedido. Aunque no niego que hay un par de acepciones de la palabra liberal que me gustan mucho.



El insulto como etiqueta (y viceversa).

“Allison: Estoy a la mitad de mi tesis universitaria.
Alvy: ¿Sobre qué?
Allison: El compromiso político en la literatura del siglo XX.
Alvy: Ah, ¿a ti te gustan los judíos universitarios, neoyorkinos, intelectuales, liberales, izquierdistas y las colonias socialistas de verano, y los posters de los años 20, y los grafitis de denuncia, y los mítines y las manifestaciones…? Párame antes de que diga más imbecilidades.
Allison: No, eso es esplendido. Me encanta que me reduzcan a un estereotipo cultural.
Alvy: Yo soy un reaccionario, ¿sabes? Pero de la izquierda.” De los diálogos de Annie Hall. Escrita por Woddy Allen y Marshall Brickman.

Etiquétame y presume de ello.
Me gustaría poder darte una etiqueta para que pudieras presumir de mí. “¡Eh, mira lo “open mind” que soy que tengo un amigo X[3]!” Pero eso no sería cierto. Me gustaría poder reducir mi pensamiento a un “estereotipo cultural”, pero no me resulta fácil. Hace años pensaba que era un pacífico anarquista de derechas, más que nada por la broma, porque nunca he sido tan activista como un anarquista (no me veo tirando bombas ni clavando piolets a la gente). Así que lo cambié por un moderado ácrata demócrata cristiano, pero con esto había que dar muchas explicaciones. Me queda la posibilidad de ser un libertario pequeño burgués… Pero no sé, creo que me lo voy a seguir pensando. Lo que sí me parece muy pobre es eso de “facha”. Hay que ver lo gastada que está esa palabra. Ya ha perdido por completo su sentido original. Las pocas personas que se etiqueten fascistas que puedan quedar estarían ya hasta mal vistos por los originales. Quizás por eso me hizo ilusión cuando alguien en Twitter hace poco trató de insultarme diciendo que mis propuestas son “cuentos liberales”. Pero como ya he dicho no creo que yo sea muy liberal, salvo por su cuarta acepción y algo de la quinta, pero agradezco al menos su originalidad.  En cualquier caso, si me lees y te parece mal lo que aquí digo, etiquétame y presume de ello.

Esta pequeña digresión autobiográfica, dentro del gran circunloquio de esta serie, viene a cuento de mi actitud en la vida pública con respecto a la política. ¿Por qué he permanecido a ella durante años? Pues porque muy pronto vi que discutir a estas personas sus ideas no nos llevaba a nada, especialmente entre personas que no nos dedicábamos a ello. Y vi que las personas de izquierdas tenían una serie de ideas y prejuicios muy arraigados que era imposible de contradecirles, por más que los hechos les contradijeran se mantenían en sus principios con una fe ciega. Por ello llegué a la conclusión que se trataba de una cuestión de fe, que era una religión sin Dios, pero no por ello menos mística. Así que tomé la decisión de entrar en un respetuoso silencio. Es decir, entré en un armario ideológico. En este sentido acabé entendiendo muy bien a mis amigos homosexuales que preferían vivir sus deseos con discreción. ¿Para qué meterse en discusiones que no llevan a ninguna parte?

Ya en este siglo, con la llegada de Facebook, decidí dejar de leer las homilías de mis numerosos amigos de izquierdas por la red. Si yo no les aleccionaba de ninguna manera, yo no tenía que leer aquellas opiniones que ni compartía ni me interesaban. Pero estando en eso, durante la infausta presidencia de ZP, surgió el 15M, las desgracias nunca vienen solas. A partir de ahí todo cambió. Si aquello se hubiese disuelto como un azucarillo no hubiera pasado nada, pero no fue así. La izquierda se fracturó y surgió Podemos. Este blog nació por ellos. Sin ellos no me hubiera metido a escribir de asuntos que nunca han formado parte de mi negociado. Cuando en 2015 tras las elecciones autonómicas y municipales empezaron a tener una presencia considerable, empecé a preocuparme. Y muchas de sus acciones posteriores me dieron la razón, a mi pesar. El clima político no me agradaba en exceso. Valoré seriamente irme de España. Vínculos afectivos me sugirieron que esperara a las elecciones generales. Afortunadamente pincharon y dividieron a la izquierda. No hay mal que por bien no venga, pensé entonces. Tras la involuntaria segunda vuelta, y viendo que el “problema Podemos” parecía enquistarse, pensé que era momento de tomar partido. Pensé en el famoso fragmento del sermón de Martin Niemöller, tantas veces atribuido erróneamente a Bertold Brecht.
«Cuando los nazis vinieron a buscar a los comunistas, guardé silencio, porque yo no era comunista. Cuando encarcelaron a los socialdemócratas, guardé silencio, porque yo no era socialdemócrata. Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas, no protesté, porque yo no era sindicalista. Cuando vinieron a buscar a los judíos, no pronuncié palabra, porque yo no era judío. Cuando finalmente vinieron a buscarme a mí, no había nadie más que pudiera protestar.» 

La izquierda maquis y los insultos.


“A menudo digo que hay tres preguntas que podrían destruir la mayor parte de los argumentos de la izquierda. La primera es: ¿comparado con qué? La segunda: ¿a qué coste? Y la tercera: ¿qué evidencia tienes? Hay muy pocas ideas de la izquierda que puedan responder a todo.”[1] Thomas Sowell.

El lunes siguiente de publicar el díptico de los autobuses, una amiga de izquierdas (disculpen el pleonasmo[2]) me reconvino por algunas cuestiones que trato en estos artículos. Ella sí cree en el derecho de Podemos a hacer ese autobús. Mi amiga pensaba que lo que dice y muestra ese autobús es parte de la libertad de expresión. Y que con ello insinuaban, pero que no decían nada directamente. En esta cuestión mi afecto hacia ella es directamente proporcional a lo en desacuerdo que estoy con ella.
***
En junio de 2016, el periodista Alfonso Rojo López fue condenado con una multa de 20.000€ por haber insultado al por entonces candidato a eurodiputado Pablo Manuel Iglesias Turrión en un par de debates televisivos y desde su cuenta de Twitter. La Audiencia Provincial de Madrid entendió que Rojo había cometido una intromisión ilegítima en el honor de Iglesias al utilizar expresiones vejatorias sin pruebas, de modo que sobrepasó el derecho a la libertad de expresión en el que se amparaba: "no existe el derecho al insulto", exponía la resolución.




La sentencia era clara y considero que justa. No puede prevalecer la libertad de expresión cuando se trata de expresiones claramente ofensivas, insultos y vejaciones. Otras sentencias similares han aparecido con conclusiones coincidentes. Entonces ¿qué pasa ahora? ¿Existe acaso una diferente vara de medir? ¿Lo de “chorizo, mangante y gilipollas” es peor que acusar a unas personas no están encausadas de mafia que dirige una trama corrupta para mantenerse en el poder? Pues casi me parecen más inofensivos e ingenuos los primeros adjetivos. Otra cuestión es que la denuncia sea una potestad de parte en la que yo no voy a intervenir. No conozco a los afectados, y de hecho algunas de esas personas no me caen especialmente bien, pero si cada uno de ellos quisieran denunciar esto no le podemos negar el derecho que como a todo ciudadano les asiste. Porque hasta a los ya condenados se les está atribuyendo un nuevo delito, y se les está sometiendo a un escarnio público que el algo que como pena no está contemplado en nuestro ordenamiento jurídico. Aunque en Irán, país con el que Podemos o alguno de sus miembros parece que sí han tenido algún trato comercial, sí existen los latigazos en público e incluso la lapidación. Quizás sea esto un camino de inicio. Esperemos que no.
Por otro lado es curiosa, por llamarla de alguna manera, la figura jurídica que Iglesias inventa para justificar la aparición de personas sin proceso legal abierto con otras investigadas o condenadas, y es la de “corrupción legal”. ¿Y eso qué es? Vamos a ver si podemos entenderlo con el caso de Monedero, más complejo que el suyo con aquella factura de las Granadinas que encontró Okdiario.
Juan Carlos Monedero parece ser que facturó unos trabajos por consultoría política que no declaró en su momento. ¿Por qué ese olvido? ¿Por qué ese retraso[3]? Además dicen que utilizó una sociedad pantalla para eludir la tributación. Y sacó esos fondos de una manera que no es como está establecida. Descapitalizó la sociedad sin tributar por ello. No sé yo casi nada de fiscalidad, pero ¿no habrán sido todos estos movimientos de Monedero algo parecido a un “fraude legal”? Sólo pregunto. En esta web, que creo que saben mucho más que yo, van un poco más lejos. Y si es así parece que en Podemos dan lecciones sin aplicárselas.

¿Por qué se retrasó tanto en presentar su declaración y después en mostrar la factura? ¿Y por qué no coincidían las cantidades?


Para mí es difícil encontrar la parte realmente racional del pensamiento podemita. Pueden decir que se trata de un problema mío, pero en general sus propuestas me parecen más apuestas emocionales que racionales. Y lo peor es que allí donde se han puesto en práctica nunca han funcionado. ¿Creen de verdad que esta vez va a ser la buena? Sólo le puedo dar explicación si lo veo como un hecho estrictamente religioso. El marxismo como religión humana. Aunque no voy a reducir a este dominante pensamiento sentimental a una única raíz exclusivamente marxista. Ni siquiera que sea algo heredado de la izquierda que nace con la Revolución Francesa. Creo que viene de mucho más atrás y que está mucho más extendido. Pero no por común es menos peligroso. Y les lleva a mostrar su irracionalidad de forma habitual en sus exabruptos espontáneos. Viven enfadados con el mundo que no se ha postrado ante su revelación. Y en sus invectivas es raro que no traten de rebatir al infiel añadiendo algún adjetivo despectivo innecesario en sus conocidas soluciones simples ante problemas complejos. Twitter es un medio perfecto para ellos. Ciento cuarenta caracteres son suficientes para desarrollar sus argumentos. ¡Y aún les sobra espacio!


Al comenzar esta serie advertía dos principios que sería prudente que acompañasen a la libertad de expresión en nuestras democracias liberales, a los que ahora añado un tercero:
1.      En democracia no deberíamos concebir la vida cívica como un campo de batalla.
2.      La libertad de expresión es un derecho. Anular las divergencias NO lo es.
3.      En democracia NO existe el derecho al insulto.
***
Es simpático ver como cuando aparecen encuestas electorales en las que se sigue confirmando la mayoría proporcional de “los viejos partidos” la izquierda maquis se escandaliza. “¿Pero ¿cómo es posible que exista aún tanta gente que sigue queriendo votar a esos y no se deciden por su redentora apuesta?” Y entonces siempre me acuerdo de un viejo chiste:
Un tipo notablemente ebrio se acerca a una señora muy poco agraciada: “Pero hay que ver qué fea eres”, le dice con su voz espesa, torpe y aguardentosa. La señora, sorprendida por la impertinencia, le increpa muy indignada: “¡Y tú eres un borracho asqueroso!” Y el dipsómano le replica: “Sí, eso es verdad, pero a mí esto se me quita mañana”.
Los viejos partidos, el PP al frente con toda su corrupción, son el borracho asqueroso, sin duda. Pero aquí la cuestión es que a Podemos su fealdad ideológica no se le quitará después de ninguna resaca. Y eso para ellos, y para nosotros, es un problema que no puede arreglar ni el mejor cirujano.



[1] “I’ve often said there are three questions that would destroy most of the arguments on the left. The first is: ‘Compared to what?’ The second is: ‘At what cost?’ And the third is: ‘What hard evidence do you have?’ Now there are very few ideas on the left that can pass all of those…” https://youtu.be/5KHdhrNhh88?t=3m46s
[2] Creo que todas mis amigas lo son. Casualmente con las tres de ellas que no lo eran ya no me hablo.
[3] Retraso que también sufriría la presentación de la factura que finalmente ni siquiera correspondería exactamente a la cantidad declarada. http://www.abc.es/espana/20150220/abci-monedero-explicaciones-201502201128.html