Como muy bien ha sugerido Pepe Freire, coautor de un
magnífico documental de arte sobre Gonzalo García Pelayo, Nostalgia del futuro[1]
no es un libro para leer de un tirón, sino para disfrutarlo lentamente
descubriendo o redescubriendo los mundos en los que ha ido influyendo su protagonista.
Ya que más que una entrevista al uso en este caso nos encontramos ante una
experiencia que crece si se convierte en interactiva. Por eso aconsejo
acercarse a él teniendo cerca una buena conexión a Internet desde la que podremos
ir complementando su lectura, algunas unas veces ampliando datos, y otras
veces, la mayor parte de ellas, como banda sonora.
El currículum discográfico de GGP da vértigo, ya que
pocos palos ha dejado de tocar e influir en la música, sobre todo en español de
uno u otro hemisferio, en los últimos cincuenta años. Sacando sólo una pequeña
representación de algunos nombres con los que ha trabajado tendríamos los
siguientes: Amancio Prada, Bambino, Carlos Cano, Labordeta, Lole y Manuel,
Aute, María Jiménez, Pablo Milanés, Silvio Rodríguez, Quilapayún, Víctor Jara o
José Manuel Soto.
Pero, sin duda alguna, la mayor aportación que ha
hecho Gonzalo, y por la que ya está inevitablemente en la Historia de la música,
es por haber sido coautor necesario de lo que se ha llamado el rock andaluz. Gonzalo
estuvo presente en la gestación de este movimiento en presente, pasado y
futuro. Desde su participación como manager de Gong, hasta la creación de Smash,
y la consagración del género con Triana, banda en la que su participación sería
fundamental.
El aleteo de las alas de una mariposa se puede sentir al
otro lado del mundo.
Como ejemplo de la influencia del
rock andaluz en el mundo oigamos la versión de El Garrotín de Smash de 1971 y
la interpretación de Morena, tema de 2009 de Rockamenco, banda de rock
andaluz… japonesa.
El libro-entrevista de Luis Lapuente es esencial
para conocer los años de GGP vinculado a la música y a alguna de sus otras
ocupaciones. Desde un punto de vista estrictamente personal quiero resaltar dos
apuntes. Por un lado una curiosa anécdota que desconocía que implica a Luis
Eduardo Aute, a Víctor Erice y a Antonio López. Y por otro, la participación
del clan en la producción de Donde más duele (Canta por Sabina), disco de María
Jiménez en el que aparece una versión de Con dos camas vacías, la que considero
la mejor canción de Joaquín Sabina (en forma y fondo) de los últimos veinte
años. Pero no cuento nada más, que para eso está el libro.
Con todo esto dejo bien claro
que considero que Nostalgia del futuro era y es un libro necesario, y que junto
con el documental Vivir en Gonzalo,
ya podemos decir que tenemos una buena panorámica de la vinculación de Gonzalo
con la música. Pero también pienso que para apreciar y conocer en profundidad
la figura de GGP vamos a necesitar algo más.
Fue una acertada idea comercial la del distribuidor
francés al que se le ocurrió dar nombre al innominado vagabundo de Chaplin, ya
que con este referente el público no se perdería entre su ingente producción, y
así siempre sabría cuándo estaba disponible una nueva obra del ahora llamado
“Charlot”. Así si veíamos un título como Charlot,
pintor o Charlot, bombero no
teníamos que hacer mucho esfuerzo para imaginar qué íbamos a ver. Pues algo
parecido deberíamos hacer con Gonzalo García Pelayo, ya que a este libro lo
podríamos titular: Gonzalo,
productor musical. Porque si hay que ponerle algún pero es que,
en su brevedad, se echa de menos que haya más del Gonzalo cineasta o de Gonzalo
y los números, aunque en este último caso al menos ya tenemos un libro del clan
con la ruleta, La fabulosa historia de Los Pelayo, y otro sobre el póquer. Pero
lo que no tenemos aún es su soñado El cine según GGP, a modo del canónico El
cine según Hitchcock de François Truffaut. En este sentido nos ganan los
musiqueros a los cinéfilos por goleada, ya que lo más parecido que se ha
escrito hasta ahora ha sido una magnífica, pero brevísima, entrevista[2] que le hizo Antonio
Gregori en 2006 en ese curioso libro que es El cine español según sus
directores[3], que ya es necesario
ampliar y actualizar.
Así
que recomiendo absolutamente Conversaciones con Gonzalo García Pelayo,
aunque el poso que me ha dejado, tras disfrutar sin duda alguna de su lectura, ha
sido una cierta nostalgia del futuro por el deseo de que este libro sólo sea
parte de un todo que espero que algún día llegue.
[1]Lapuente, Luis. Conversaciones con Gonzalo
García Pelayo: Nostalgia del futuro, 2019. EFE EME. ISBN: 9788495749284
[2] Gregori
Fernández, Antonio. El cine español según sus directores, 2009. Ediciones
Cátedra. ISBN 10: 8437626145 ISBN 13: 9788437626147
[3]
Información documentada por el erudito del cine español Javier Redondo Martín.
El ajedrez es un juego
eminentemente racional. Se parte de un estricto marco de referencia. Ocho por
ocho, sesenta y cuatro escaques. Hay unas reglas, unas piezas, unos movimientos,
unas casi infinitas combinaciones de situaciones posibles. Y, a partir de la
apertura, cada acto tiene sus consecuencias. Los errores pueden afectar
emocionalmente a los jugadores, pero ha sido a partir de una decisión racional errónea.
Por todo esto el ajedrez se ha identificado como una metáfora de la vida y, en
especial, de la política. Sin embargo la vida y la política tienen mucho más de sentimental que de racional. Y por esto quizás no sea el ajedrez
sino el póquer el que esté más cerca de reflejar tanto una como la otra.
Los que no lo conocen piensan en
el póquer como un juego de azar. Y el azar, como en la vida, existe, pero no es
tan determinante como la mayor parte de la gente cree. Al principio a todos se
nos dan unas cartas que nadie más ve, sólo hay que saber jugarlas. Lo que de
verdad importa en el póquer (y en la vida) son las emociones. Poder controlar
las propias y saber manipular las ajenas.
Hay un viejo aforismo en el
póquer que dice que tardas cinco minutos en aprender sus reglas y toda una vida
en dominarlas. Es cierto. Si dispones de ese tiempo, y quieres hacerlo, puedes ver una aproximación en el vídeo que enlazo a continuación[1].
Pero esto no es el objeto de este artículo. Aquí lo que propongo es otro juego.
Existe una serie de tendencias
prototípicas que se repite entre los jugadores de póquer. Y a partir de esto voy
a tratar de hablar de los vicios privados y públicas virtudes de los
principales candidatos de los cuatro grandes partidos de las dos últimas
elecciones[2].
O, dicho de otra manera: ¿cómo serían los principales actuales políticos si
fueran jugadores profesionales?
Empezaré en orden ascendente, del
que menos votos recibió al que más. Es una cuestión estrictamente matemática,
que no haya suspicacias. En cualquier caso creo que ninguno de nuestros
actuales políticos sería un gran jugador de póquer real. Aunque sí hemos tenido
algunos en la democracia. Todo indica que Adolfo Suárez, por ejemplo, fue un buen jugador. Alfonso
Guerra llegó a decir de él que “lo vestiría como a un tahúr del Mississippi”.
González y Aznar también fueron buenos jugadores, menos sutiles que el Duque,
pero no por ello menos tiburones[3].
Y, por lo que cuentan las noticias, parece que Jordi Pujol también jugó bien
sus cartas mientras no le pillaron el farol.
Albert Rivera, el “calling station”.
Es el más joven de nuestro
actuales líderes nacionales, y sin embargo no es el más inexperto. Con tan sólo
36 años tiene ya algo más de una década de experiencia en el ruedo político a
sus espaldas. En su Cataluña natal salió al ruedo político con firmeza. Podemos
decir que ciertamente comenzó apuntado maneras de aprendiz de tiburón. Pero con
su llegada a Madrid se ha desinflado un poco. Digamos que ha sufrido de un
inicial miedo escénico al pasar a la Primera División. Con su llegada al Congreso
ha pasado a tener una actitud de “calling station”[4].
Este tipo de jugador, también
llamado loose-passive[5],
es el que se apunta a todas las manos. Confía en que la suerte haga que
cualquier par de naipes que lleve combinen con los que aparecerán en la mesa. Por
eso lo mismo le da llegar a un acuerdo con el PSOE que con el PP, lo importante
es tener la posibilidad de entrar en el juego. Este tipo de estrategia es
perdedora a largo plazo. Así perdió casi un 1% de su bankroll[6]
(votantes) entre la primera y segunda ronda de nuestras fallidas elecciones 2015/2016.
Pero Rivera es joven, tiene muchos años por delante, y quizás algún día vuelva
a sacar peligrosamente su aleta dorsal a la superficie.
Pablo Iglesias, el maníaco.
Iglesias es sólo un año mayor que
Rivera. Pero su experiencia en la política profesional activa es muy inferior,
poco más de dos años y medio. Aunque hay que tener en cuenta su larga
trayectoria como activista y su experiencia en la Facultad de Políticas, que podríamos
equiparar a un perfil muy actual dentro del mundo del póquer contemporáneo: el loose-aggressive[7]
proveniente del juego online.
El loose-agressive, también
conocido por maníaco, se trata de un tipo de jugador muy peligroso. Su juego,
extremadamente agresivo, lo mismo puede darle grandes ganancias que grandes
pérdidas. Así vemos como tras su entrada triunfal en la “primera ronda” de 2015
sacó algo más de seis millones de votos, pero en la “segunda vuelta” apenas
sacó algo más de cinco (y eso que iba en coalición con la ya casi difunta
Izquierda Unida). Estas pérdidas le pueden afectar psicológicamente, lo que se
conocer en el argot entrar on tilt[8],
o “tildarse”, es decir sufrir un estado de ánimo alterado por un tropiezo
inesperado que impide tomar buenas decisiones. Quizás fue eso lo que provocó la
desaparición de Iglesias durante unos días tras la segunda ronda, en la que
estaba convencido que daría un sorpasso al PSOE. Y tal vez sería la
decisión de coaligarse a Izquierda Unida, una add-on[9]
que tal vez provocaría su bad beat[10].
Se sobrevaloró como jugador. Pero
jugar muy por encima de sus posibilidades es la marca de la casa. Como cuando pretende
representar la voz del “pueblo” y nunca haber sacado mucho más de un 14% del
voto total. No ser consciente de las odds[11]
reales hace que Pablo Iglesias sea un “maníaco” de libro.
Pedro Sánchez, “fish” es “fish”.
Sánchez es el segundo candidato
más veterano de todos (en edad y experiencia). Pero también es el que ha tenido
una trayectoria menos brillante. Casi toda su trayectoria política surgió de
rebote. Podríamos decir que lo suyo ha sido más el “bingo-póquer”.
Pedro Sánchez se presentó por
primera vez a unas elecciones municipales en 2003 con 31 años. Y perdió. Pero
al año, tras la dimisión de dos concejales de su partido, consigue entrar.
Primer golpe de suerte. Tras unos años en esta posición se presenta por primera
vez como diputado por Madrid en las elecciones de 2008. También las pierde. Un
año después Solbes dimite y Sánchez, de nuevo de rebote, consigue entrar en el
Congreso de los Diputados. En 2011 se presenta en las elecciones… ¡Y vuelve a
no ser elegido! (No diré perder.) Pero, dos años después dimite Cristina
Narbona… ¡¡¡y vuelve a entrar en el congreso de rebote!!! Se presenta a las
elecciones como candidato a la presidencia el 20 de diciembre de 2015. Y saca
los peores resultados porcentuales de la historia del PSOE en la actual
democracia. A pesar de todo, y sin posibilidades matemáticas a favor, se
presenta a la investidura apoyado por Ciudadanos. Y, naturalmente, pierde. Es
la primera vez que un candidato a la investidura lo hace. Sólo un fish
plantea un all-in[12]
con todas las odds en contra. Y él lo hace. A pesar de todo no dimite ni lo
cesan, y se vuelve a presentar en las elecciones del 26 de junio de 2016. Y
entonces saca los peores resultados en cifras absolutas que ha tenido el PSOE
desde 1977. Finalmente sus “inversores” fuerzan su dimisión y tiene que renunciar
a su acta de diputado. Si eres un jugador mediocre sólo puedes jugar de forma
autónoma en las grandes ligas si tienes el dinero que posee Guy Laliberté[13].
Pero si juegas con el dinero de otros y siempre pierdes, más pronto que tarde,
te acabarán cortando el grifo de tu crédito. All-in. All-out.
Ganar al póquer con buenas cartas
es fácil. Sobre todo si al descubrirse el flop[14]
te salen las nuts[15].
Más complicado es ganar con cartas malas, eso es cosa de profesionales. Pero lo
más difícil de todo para un novato es saber tirarse teniendo buenas cartas. Decir
“no es no” con un par de ases en la mano es difícil. Pero hay que saber aceptar
que, pese a tener algo que nos parece muy bueno, la combinación del rival puede
ser mejor. Ese error es muy de fishes. Y es lo que le ocurrió a
Sánchez. Intentó una colusión[16]
pública con Rivera, y tal vez otra oculta con Iglesias, pero las outs[17]
que le tenían que llegar de Podemos no aparecieron, y le salió mal la jugada.
Hubo movimientos (o falta de ellos) que no se esperaba. Y es que como dice una
vieja frase del mundo del póquer: "Si al cabo de un rato en una mesa no
sabes quién es el fish, entonces el fish eres tú". Y esto es algo que
Pedro Sánchez no tuvo en cuenta.
Mariano Rajoy, la roca.
Cualquier persona medianamente
conocedora de póquer al ver superficialmente las acciones (o inacciones) de Mariano
Rajoy en política diría que se trata claramente de un tight-passive[18]
de manual. Es decir, se trata de un jugador que juega pocas manos, con poco
riesgo y sólo cuando tiene buenas cartas en su mano. Al menos es eso lo que las
apariencias muestran.
Si observamos los resultados de
las últimas dobles elecciones vemos que en la ronda de 2015 sacó algo más de
siete millones de votos (un 28,71%) y que en la segunda vuelta, ya en 2016, fue
el único que tuvo un ascenso, con casi ocho millones de votos, es decir,
aumentó un 4,3%, poniéndose en el 33,01%. ¿Cómo y por qué pudo lograr esto un
jugador roca que apenas hace movimientos impredecibles?
Rajoy es el más veterano y con una
trayectoria más dilatada en el tiempo de todos los jugadores de esta mesa.
Comenzó como diputado gallego el 20 de octubre de 1981, con 26 años, igual que
el joven Rivera. Y después: concejal por Pontevedra, presidente de la
Diputación Provincial de Pontevedra, diputado en las Cortes por Pontevedra, vicepresidente
de la Junta de Galicia, ministro de Administraciones Públicas, ministro de
Educación y Cultura, Vicepresidente Primero, ministro de la Presidencia del
Gobierno, ministro de Interior, Portavoz del Gobierno, de nuevo ministro de la
Presidencia y, finalmente Presidente del Gobierno. En definitiva, más de 35
años de experiencia en la arena política.
El primer intento de Rajoy para
alcanzar la presidencia terminó con un terrible bad beat. Quizás por eso
los inversionistas del PSOE pensaron que repetir con un jugador con
características similares a las de ZP en 2015 volvería a ser una buena idea.
Pero la suerte es caprichosa, y el póquer es mucho más que un juego de azar. En
2015 el torneo español pasó de ser tipo heads up[19]
a ser una mesa de cuatro jugadores, y en estos casos es un error no cambiar el
estilo de juego. Las manos con las que podemos entrar en juego se reducen. En
los torneos hay que saber adaptarse a los cambios.
Rajoy y sus asesores pudieron observar
las características del juego de cada uno e inesperadamente usaron la
estrategia del slowplay[20].
Se encontraban frente a jugadores jóvenes, llenos de ganas de apostar fuerte,
sólo había que dejar que se estrellaran ellos mismos. En grandes torneos al
principio siempre es mejor esperar a que el trabajo sucio lo hagan los otros.
Un fish agresivo acaba siendo tragado por un fish con suerte. El pescado grande
se come al pequeño. Y después sólo te queda un fish, y no dos, con el que
lidiar. Y así fue.
El juego de Sánchez y de los
otros era un juego straightforward[21],
muy de corazón, casi mostrando sus cartas. Por eso fue un buen cambio de estrategia
dar un paso atrás y aprovechar la fuerza del contrario. El aparentemente
siempre previsible Rajoy se convirtió en un jugador tricky[22]
creando una ansiedad de acción en sus fogosos contrincantes. Una vez logrado el
patinazo volvió a convocar un nuevo torneo en el que acabó consiguiendo lo que
quería. Aunque tuviese que negociar el reparto del fondo final de premios.
Y es que en la política (y en el
póquer) la veteranía es un grado.
[1] La
variante de póquer que usaré es la del Texas Hold’em. No tan conocida por el
público ajeno al juego (que quizás se haya quedado en la variante de cinco
cartas de las películas del Oeste) pero es la más popular entre los aficionados
en la actualidad.
[2]
Esto se escribe en enero de 2017. Con lo que me refiero a las elecciones generales
que se celebraron en España el 20 de diciembre de 2015, y a las que se repitieron
medio año después (casi a modo de segunda vuelta) el 26 de junio de 2016.
[3]
Shark: En la jerga del póquer el shark (tiburón) es el más peligroso jugador de
póquer. Es el prototipo ideal del profesional. Conservador y agresivo. Es
selectivo con sus manos, y agresivo en sus jugadas.
[4]
Calling station significa literalmente “llamando a la estación”.
[5] Loose-passive:
Poco selectivo pasivo. Jugador que juega muchas manos de manera pasiva.
[6] Bankroll:
Dinero que un jugador que tiene en la mesa disponible para jugar.
[7] Loose-aggressive:
Poco selectivo agresivo. Jugador que juega muchas manos, entrando a ellas con
apuestas muy fuertes.
Quizás sea Mujeres heridas una de
las películas más complejas y emotivas de Gonzalo García Pelayo. Con Mujeres
heridas, Gonzalo, que casi nunca parte de un texto propio, consigue una vez más
hacer suyas las palabras de los otros. Y en esta ocasión va mucho más lejos, con
esta película logra una unidad conceptual a través de una multiplicidad de
discursos. Discursos que no sólo aparecen en la habitual manera secuencial y
dialogada de los personajes convencionales de un film, sino que surgen a través
de diversas formas. Sí, hay personajes que hablan, pero también hay voces en
off que relatan historias, no necesariamente propias (las voces mutan de la edad
y sexo del narrador real), aparecen intertítulos que ocupan toda la imagen o
impresiones simultáneas, divergentes o paralelas al discurso sonoro.
Constituyendo el conjunto un, a veces apabullante, maremágnum de ideas que se
suceden. Estando tal vez en esa confusa forma el verdadero mensaje. Es cierto
que en una primera capa todo puede aparentar que se reduce a un dualismo: Oriente
y Occidente, mujeres y hombres (casi ausentes en presencia física, salvo un
filósofo), presente y pasado, lo que se vive y lo que se recuerda. Pero según
avanza su exposición los discursos se van multiplicando, entrecruzando, sobreponiendo,
como sería para un ser omnisciente la misma realidad. El mundo como circo de dos,
tres, cuatro y a veces incontables pistas.
Desde el punto de vista formal en
un primer momento parece ser la culminación de la trilogía iniciada con Niñas.
Esa fuente inagotable de conocimiento enciclopédico sobre cine español que es Javier
Redondo Martín, comentó que veía cierta conexión entre las dos primeras piezas
de la trilogía con la ochentera serie Vivir cada día. Y descubro que, efectivamente,
se cumplen justo 20 años de la participación de GGP dirigiendo uno de sus
episodios: Tres caminos al Rocío. En este docudrama[1]
Gonzalo relata el viaje de tres grupos de personas que peregrinan en invierno
al Rocío. Uno de ellos, que está compuesto íntegramente por mujeres, adelanta de
alguna manera el espíritu de lo que dos décadas después será la trilogía Niñas.
Salvo que en este caso hay una “niña” que por edad convertiría la saga en tetralogía.
No sé si veremos esas Niñas 4.
Mujeres heridas es la película de
GGP en la que la filosofía está más presente de toda su filmografía. Tanto en
forma como en fondo. Y quizás esto se introduce como contraste al ser la más
emocional. Tenemos a mujeres que exponen sus sentimientos ante circunstancias
adversas de la vida. Y tras la emocionalidad, o junto a ella, surge la racionalidad.
Tenemos a Platón y el ideal de belleza y perfección. Pero también tenemos el
concepto oriental del Wabi-Sabi, que sería algo así como la belleza de lo simple,
imperfecto y transitorio. De alguna manera corresponde al “todo fluye” de
Heráclito. Todo cambia, todo permanece. Y en medio de todo, entre Oriente y
Occidente, la visión compasiva del cristianismo, el amor al prójimo. El pobre,
el débil, el marginado, como hermoso y protagonista. La idea de que los últimos
serán los primeros. Es curioso que el único personaje masculino que aparece sea
un filósofo. Racional, pero no materialista, sino cristiano. Y, por encima de
todo, aparecen los vínculos emocionales de la familia, absolutamente matriarcal,
como elemento de cohesión.
Si el cine abandonó a GGP a
principio de los ochenta, la fuerza con la que él ha retomado las cámaras tres
décadas después, está logrando que cada vez más adquiera un oficio que va mucho
más allá del de realizar películas convencionales. GGP de forma ascendente está
redefiniendo y depurando, construyendo y desconstruyendo, experimentando y
afianzando, un medio de expresión propio alejado de todo convencionalismo. Una
forma de arte estrictamente personal, con reglas propias, libre de
apropiacionismos, y ajena a tendencias y modas. Como ya he dicho en alguna otra
ocasión, y ahora me reafirmo, Gonzalo García Pelayo es su propio género.
Y además de todo esto, en esta
ocasión, emociona.
[1] Agradezco
la cortesía de GGP al incluirlo en su canal de YouTube. https://youtu.be/gQBd0_EtfuU